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CUENTAN QUE CUENTAN, QUE FUE CONTANDO CUENTOS


Para el hombre, nunca ha sido viable la posibilidad de dedicarse a sí mismo. Nuestra estructura nos obliga a entablar relaciones que nos permitan sentirnos útiles para nuestro entorno. Y es que siempre dicen los que saben, que así fue como empezó todo. A partir de la comunicación oral fue que nos descubrimos narrándonos unos a otros. Y cuentan que cuentan, que fue contando cuentos.

No debería sorprendernos que todo se originara ahí; en las expresiones fonéticas que de una persona a otra nos fueron definiendo como sociedades. Aprendimos el idioma, la cultura, y la manera más propia de interactuar con nuestros semejantes.  Pero, viremos un poco nuestra óptica y vayamos a lo que resulta uno de los descubrimientos más apasionantes que ha tenido la humanidad. «El arte de narrar».




Mesopotamia se entiende como la primera civilización con dicha actividad. Descubrieron en la manera de responderse el cómo habían sido creados, esas historias que pasaron de boca en boca, llegando a ser los primeros relatos. Pero, en forma aún más formal; tenemos dos, que datan de aquellas épocas. Uno de origen mesopotámico y el otro egipcio. El Poema del Gilgamesh y La historia de Sinuhé. El primero escrito aún en tablillas (placas de madera, arcilla o marfil) y el segundo, ya sobre papiro.

Aunque no se tiene un dato exacto. Este nuevo método para plasmar sus narraciones a una forma escrita, llevado a cabo por los sumerios en el V milenio a.C. ve nacer al primer libro. Pero no tiene un verdadero auge sino hasta la civilización egipcia que comienza a utilizar tintas sobre los papiros. Esta técnica se volvió tan popular que fue adoptada por todo el mediterráneo a través de la cultura grecorromana.

Todos llegamos a escuchar que las civilizaciones griega y romana fueron la punta de lanza para que el conocimiento alcanzara a todos. Facilitando así, su difusión a nivel sociedad, en Grecia se diversifican temas y se dan autoría a las obras escritas.

Para los romanos, herederos del gusto por el libro, no fue difícil crear las primeras bibliotecas en el año 37 a.C. y empezar una difusión cultural. Llevando también las historias al pergamino (siglo V d.C.), volviendo más sencilla la lectura, siendo pioneros también los romanos, en el negocio editorial.

Es fascinante cómo llegamos a avanzar, desde que la tradición de contarnos fabulas y cuentos surgió. Y seguramente nadie podrá darnos el dato exacto de cuál y de qué trató ese primer relato. Es un ejercicio bastante animoso el ponernos a pensar los millones de historias contadas durante veintiún siglos. Pero, sigamos en este recorrido histórico sobre una de las más apasionantes ramas del arte. Los libros son sin duda, un mundo. Como cita Rafael Pérez Gay:

«Abres una puerta y detrás de ella aparece un mundo, eso es un libro».

Otro gran suceso, después de una oscura etapa medieval para todo el que estuviera inquieto por responder a sus preguntas (Y de ello se vuelve culpable la iglesia en Roma, que abarca todo el proceso de manufacturar y conservar los pergaminos. Así como detener el flujo en la información y exposición a las obras durante el oscurantismo). Llega con la existencia del papel. Aunque inventado en el año 150 a.C. en China. no es sino hasta mil años después cuando llega a Europa.

De la mano del Renacimiento el libro vuelve a ser un artefacto de uso común e indispensable para esa generación que como bien lo dice su nombre; nacía nuevamente y podía volver a entretenerse y reflexionar con grandes narraciones. Conocer su historia, o emprender viajes extraordinarios a través de la imaginación de otros. El libro estaba vivo.

Viene con la invención de la imprenta, una nueva etapa para el oficio editorial. Cuán agradecidos deberíamos estar con el señor Gutenberg, que abrió el camino para una era en la imprenta mecánica. De la cual se beneficiaría cada persona dispuesta a invertir tiempo en leer, y que aún en nuestros días, tenemos vigente.

Con el paso del tiempo, y viviendo los albores de un nuevo siglo, nos es de suma facilidad encontrar ejemplares que hablen de todo. No es para nosotros extraño hallar hasta el instructivo de cómo ser un mejor amante; empastado y con colores totalmente llamativos. No busco desacreditar ningún género o temática. Simplemente vivo enamorado de la narrativa, de esas historias que nadie sabe cuándo comenzaron, pero que siguen haciéndonos la vida menos dura.

Considero un privilegio dado a unos cuantos; el poder apreciar la textura de un libro, su tipo de hoja, letra, edición. Y para los enamorados como yo. Olerlo, resulta mágico.

Aunque ya lo he mencionado. Hoy día tenemos una infinidad de títulos. Sin embargo no deja de ser tema, la calidad en las historias. No es mi oficio el ponerme a dictar sentencia sobre las mejores o peores escritas. Ciertamente he disfrutado y logrado vislumbrar mejor muchos aspectos leyendo a autores como Sócrates, Sartré, Schopenhauer. Novelistas como Bellow, Burroughs, Hemingway. Entre muchos otros. Pero no limito a nadie a cerrarse a un grupo de escritores. Como bien dictó Borges:

«Todo libro es sagrado, si da con el lector para quien fue escrito».  

Debería tenernos muchas veces sin cuidado, la profundidad del manuscrito, uno se va haciendo de criterio propio y acaba por abrazar el género más encantador de acuerdo a nuestra capacidad y necesidades personales. Se trata solo de rendirle un homenaje siempre a esas páginas que no resultaron del todo fáciles para su autor. El libro se ha convertido en esa especie de ser que acompaña en cada paso la vida de nuestra humanidad. Ya sea que vivas sumergido en las historias épicas, o en una novela realista. O que vayas a estudiar horas un tomo gigantesco de medicina. El libro es sin duda la herramienta más armoniosa que encuentra el hombre. Desde mi punto de vista, claro…

Si hablamos del libro que entona historias. Sería un fuerte insulto no mencionar nada acerca de una de las narraciones en lengua castellana más importantes. Tal vez no por su estructura o profundidad. Pero si como esa analogía de lo que un libro termina siendo. Un complemento y disfrute para toda persona… Y claro, me refiero al Ingenioso Quijote de la Mancha. Una obra que fue impresa en 1605. Si no las has leído, te invito a hacerlo. Aquí encontrarás un fiel retrato de la sociedad. Y el porqué me veo tentado a mencionarla; es que engloba lo atemporal de relatos que van dibujando nuestro entorno. Que al final de cuentas, no es sino el mismo de siempre. Seres por naturaleza con necesidades de sociabilidad, capaces de llegar a un grado de enajenación tal, que dejemos todo y vayamos buscando la aventura de nuestra vida.

¡Qué más puede ser un libro, sino esa aventura constate que nos empuje a ser útiles!



La historia ha sido testigo de cómo en esta evolución, ya no es solo un privilegio para una clase alta. Se proyectó hasta ser herramienta o pretexto del que anhele ensanchar su universo. No ha sido fácil llegar al sitio donde se posiciona hoy. Incluso en esta nueva etapa, conocemos un hermanastro (para los lectores. Sé que nada se compara a tenerlo entre tus manos y poder avanzar por sus páginas. Utilizando puntos de lectura cada vez más creativos). El libro digital. Que tiene ventajas eso de llevar cien novelas en un solo aparato. Pero no se comparará nunca a tenerlo físicamente.

«El acto de la lectura… es un acto de breve soledad en el que uno interioriza algo;
de modo que no temo a la historia del mundo digital. No pienso que el libro desaparecerá.» Rafael Pérez Gay
.

No concibo un mundo donde la palabra escrita no nos haga soñar y viajar por distintos planetas. Carecería de sentido si jamás mi abuela me hubiese llevado (igual a como todo comenzó). Por esas historias narradas de propia voz. Mucho menos cambiaría la sensación del primer libro en mis manos. Ha sido un placentero viaje a través de la memoria de cada autor. Cada página leída hasta este día representa la mejor inversión del tiempo. Han dado un vuelo sin igual a la imaginación. Me ha enseñado que yo también puedo contar mis propias historias. Que surgen en la voz del alma y se transforman en palabras que alguien más hará suyas.

Desde los comienzos hasta nuestra época, son las historias. Son la observación constante. La memoria que se niega a morir. El libro es más que un artefacto inmóvil. Ha logrado hacerse con una vida e historia propia.

«La historia es memoria, o mejor, relato de la memoria o, mejor todavía, relatos de la memoria. Relatos que provienen de dos tipos de voces. La de los testigos de los acontecimientos, por una parte, y la de quienes, a partir de los anteriores, elaboran nuevos relatos, incluyendo los relatos de los relatos». Romer Tobar L.

Y todo comenzó así, en ese: cuentan que cuentan, que fue contando cuentos.

-Montolivo Llosa.

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