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DEVOLVIENDO EL FAVOR (NO SE ASUSTE 4)


El problema de la Galaxia (mejor dicho, uno de los problemas porque hay muchos, de los cuales una buena parte están obstruyendo los tribunales de todo tipo y especialmente los más corruptos, si es que hay unos más corruptos que otros), es que se encuentra en constante y vertiginoso cambio. Si alguien quisiera proporcionar una guía para esta, tendría que ser escrupuloso, consciente y dedicado, por desgracia nadie comprende el verdadero significado de estos adjetivos. Esta historia tenía una moraleja, pero de momento se le ha escapado al cronista.

Amigos de La pasta dura, es un honor darles la bienvenida a la cuarta entrega de mi serie de artículos dedicada a la saga de la Guía del autoestopista galáctico, por aquello de los viajes interdimensionales y las paradojas espacio-tiempo, abajo les dejo los enlaces a las tres partes anteriores:




Ya con todo listo, comenzamos.



Porque no todo podía ser bueno.

Hasta luego, y gracias por el pescado es la improbable cuarta entrega de la “trilogía” del inglés Douglas Adams. Publicada originalmente en 1984, en está ocasión únicamente contamos con el regreso de los amigos Arthur Dent y Ford Perfect, con una aparición menor de Marvin, cada uno viviendo su propia aventura.

Comenzamos con Arthur quien, viajando por la galaxia, llega hasta un planeta que más pronto que tarde reconoce como la Tierra. Cuestionándose todo lo vivido hasta entonces, pide aventón a un camionero quién le explica que hubo una histeria masiva ya que muchos creyeron ver enormes naves amarillas y que todos los delfines del mundo desaparecieron.

Dentro del camión también conoce a Fenchurch, hermana del camionero que, también, fue víctima de la histeria masiva. Arthur sospecha que la chica debe estar relacionada con la destrucción de la Tierra, pero llega a su casa antes de poder averiguarlo.

La edificación se está en perfecto estado, salvo por la correspondencia y el polvo acumulados. Además, Arthur encuentra una pecera con la inscripción: Hasta luego, y gracias por el pescado. Prueba su comida, pero está rancia (y por eso salva a la especie humana de un mortal virus que portaba sin saber) entonces decide ir al bar.

De camino encuentra a Frenchurch pidiendo aventón, se ofrece a llevarla, pero es rechazado, más acepta que Arthur le invite un café antes de que salga su tren. Arthur intenta obtener información, pero son interrumpidos por un grupo de empleados que venden boletos para una rifa. Al final no consigue más que el número telefónico de la chica, el cual termina perdiendo.

Abandonando la cruzada, Arthur se dispone a buscar la cueva donde vivió durante la prehistoria. Coincidentemente, o no, la casa de Frenchurch está construida en la misma localización. Tantas coincidencias terminan por unirlos, Frenchurch le cuenta que antes de la histeria tuvo una epifanía sobre como arreglar el mundo y todo lo demás, pero la olvidó.

Mientras Arthur vive su idilio amoroso, Ford Perfect continua sus andanzas por la galaxia, beneficiándose del hecho de que en ningún lugar del cosmos aceptan su American Express. Entonces descubre que modificaron su artículo sobre la Tierra en la Guía, y sospechando que algo raro está pasando empieza la búsqueda de Arthur.

Gracias a John Watson (un científico apodado “Wonko el cuerdo”, no el ayudante de Sherlock) Arthur y Frenchurch descubren que los delfines, al enterarse que la Tierra sería demolida; la abandonaron, no sin antes procurar un programa de conservación de los humanos, trasladándolos a todos a una Tierra en un universo paralelo.

Tras la revelación, Arthur confiesa a su novia todas las aventuras que tuvo por el universo, ocasionando que ambos decidan despedirse de la Tierra para volver a las estrellas. La suerte les sonríe, pues cuando están terminando de empacar sus toallas, Ford aterriza en mitad de Londres, desatando el caos.

Muy distanciada de sus predecesoras, Hasta luego y gracias por el pescado deja un sabor de mediocridad. No es mala, pero está muy lejos de la calidad de sus hermanos mayores, el propio Adams declaró que no estaba conforme con el libro. Para redondear las complicaciones, se sabe que el editor se tuvo que mudar con Adams para asegurarse que terminara la novela en su muy ampliado plazo.

Siendo esencialmente un romance con trazas cómicas, generalmente encontradas en la subtrama de Ford y las intervenciones de la guía, la novela tiene muy poco viaje espacial y la ausencia de los otros dos personajes centrales la convierten en un buen ejemplo de qué ocurre cuando se quiere exprimir de más una franquicia.



Pero no todo está perdido, pues aún nos queda la última parada de este viaje por el cosmos, así que no suelten su toalla y nos vemos la próxima semana para entregar nuestro Informe sobre la Tierra: fundamentalmente inofensiva.
-El colgado de las letras.

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