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EL ONCE IDEAL

Es de conocimiento general. Mejor dicho; la gran mayoría en este planeta conoce que este junio, se dedicará al dios del fútbol. La sociedad del deporte que se juega con los pies, hace que cada cuatro años se detenga el mundo a mirar el total de partidos que ofrecerán. Un torneo donde las mejores selecciones de cada continente representado y que estén obviamente, asociadas a la FIFA, se enfrentarán por el trofeo más codiciado del orbe del balompié: el Jules Rimet.

Ciertamente que es poco el hilo conductor entre la literatura y el soccer, sin embargo existen demasiados escritores que consagran lo mejor de su pasión para este desfile artístico de personajes que van detrás de una pelota intentando meter la cantidad más cuantiosa de goles, claro es; sin que el propio arco sea batido. El deporte es muy básico. No hay regla mayor que la de no tocar el balón con la mano y evitar lo más limpio posible que le anoten un gol a tu arco.



Esto, como en todo organigrama, va depositando a cada quien con su cada cual. Es inevitable que dentro de la variedad de estilos y tácticas se acabe por poner un cuadro que mejor lleve a cabo ese juego de conjunto para lograr superar en estrategia y rendimiento al equipo contrario. Mucho puede decirse del estilo que en su momento se convirtió en la primer idea que de un país se tiene (no se olvide la línea por donde se transita).

Entonces, podemos decir que si hablamos de Brasil, la gambeta y el jogo bonito es lo primero que se viene a la mente. De Holanda (que dicho sea de paso, no asiste a Rusia) el fútbol total es su carta de presentación. Italia con su catenaccio. O México, con su ya merito. Es así como cada selección a través de su planteamiento táctico y características físicas fue creando esa fama. También es verdad que el fútbol contemporáneo se ha diversificado tanto, que ya ninguno realmente se distingue por su estilo de juego. Salvo Alemania, que nunca da por perdido un partido.

¿Qué tiene que ver esto con las letras?

Absolutamente nada. Es aquí el problema o disyuntiva que nos deja uno de los eventos deportivos más vistos en el planeta. Poco a poco se ha vuelto parte de la historia como humanidad. Países se guardan en el baúl o determinan su éxito o estabilidad como nación de acuerdo a los logros obtenidos en este torneo. Cabe mencionar el resurgir cada cierto tiempo, para volverse energúmenos que dejan cualquier otra actividad por ver el encuentro de su nación.

Llegado el momento, se concederá la peor conexión entre letras y soccer. Cada escritor ha dejado un legado inigualable. Esa peculiaridad en la forma de enarbolar sus textos, obliga a la tarea de darles una posición de acuerdo a sus notables características. Ejercicio inútil, pero divertido.

La portería para muchos es la condena del que no alcanzó técnica para realizar este deporte. Pero no se puede olvidar que también se convierte en el paraíso del que atiene a tan peculiar oficio con reflejos y resorte para llegar a los lugares más alejados del larguero. Sin duda el elegido para esta labor; sería Schopenhauer. Ideal para la observación y pensamiento crítico. Poseedor de esta cualidad, siempre podrá descifrar mejor la manera de ataque, puesto que dentro del argot futbolístico; el guardameta se convierte en el primer atacante.

Pasamos a un planteamiento de cuatro defensores. Los dos centrales, necesitan de fuerza y gallardía. La velocidad no importa tanto como el timing que se tenga para conducir al resto que completan esa saga. Podemos sencillamente hablar de Antonio Machado y García Lorca, dos poetas que supieron crecerse ante la adversidad y destacar con clara valentía. Virtuosos creadores que impulsaron al resto.

Las bandas o laterales. Estás singulares posiciones necesitan ser cubiertas con cualidades muy particulares. Se opta por la velocidad y destreza para marcar, se debe tomar en cuenta que el lateral ha de volverse un ofensivo más cuando se tiene el balón. Aquí podemos alinear a los hermanos Grimm. Duros pero veloces creadores de cuentos que nos acompañan hasta el día de hoy. Muchos de ellos llevados a una fantasía que no se sabe si hubiese gustado a los dos autores.

Seguimos con el medio campo. Aquí tiene mucho que ver la visión que el entrenador tenga del fútbol. Hay quien gusta de poner dos contenciones, uno siempre más virtuoso que el otro para dar amplitud al campo y generar conexión entre líneas. También existe quien recurre solo a uno para alargar la cancha. Esta vez, se optara por solo un medio de contención. Hablamos de Hemingway como un natural recuperador, capaz de ir y venir durante todo el juego.

Los volantes; de vocación realmente ofensiva, son la descarga para el equipo. Aquellos que viajan por las bandas, siempre tratando de desbordar hasta la línea de meta, siempre atentos a intentar disparar de media distancia o mandar un centro que catapulte las posibilidades. Su principal objetivo dentro de un campo de juego es ofender (anotar o provocar la anotación). De técnica individual depurada, y con un oficio decente a la hora de entrar en labores defensivas, los elegidos serán Kafka por la derecha y Cortázar por la izquierda. Este par de talentosos escribanos, refrescaron e innovaron en su momento los conceptos de narrativa, siendo sus obras de gran alcance.

No puede faltar en un equipo aquel que porte la casaca número diez. Este jugador se convierte en el universo del campo. Todo balón que pretenda tener alcance en la portería rival, debe pasar por sus pies. Supera en talento al resto y muchas veces su aporte se limita a la brevedad de un par de jugadas. No hay otro más adecuado sino el gran Francis Scott Fitzgerald. Quien dotó de talento a cada una de sus obras, sirviendo también de escaparate para terceros.
La parte más alta en el planteamiento recae sobre las personas llamadas delanteros. Estos quizá tengan las labores menos participativas durante un partido. Pero suelen ser radicalmente decisivos sus aportes. La misión encargada a estos seres míticos recae en anotar la mayor cantidad de goles en el arco rival. Realmente no importa tanto si defienden o corren diez kilómetros. A ellos se les exige que su promedio de efectividad sea el más alto posible. Aunque también deben contar con una habilidad significativa, se les conoce mayormente por su olfato goleador.



Se puede hablar de muchos escritores clásicos que a lo largo de su carrera, lograron que sus obras trascendieron. Esta vez como el nueve (goleador nato) Saúl Bellow. Novelista que construyó toda una época y estilo con su narrativa. Cada escenario es un deleite para quien ha gozado con su lectura. Seguro con la pluma, específico y poco tedioso lo que ofrece. No puede faltar sino José Emilio Pacheco. Siempre buen acompañante que no se amilana ante la figura de nadie, sino que logra embellecer el panorama con su propio talento.

Sin duda un equipo no se conforma solo por aquellos que constantemente salen al campo. Hay una banca que resulta en ese desahogo y fuente de donde tomar elementos para cuando las cosas no marchan del todo bien. Revulsivos que mejoren la funcionalidad y vuelvan novedoso el ataque o asienten la estrategia del entrenador. Nunca serán menos que los titulares, sino parte importante en ese mover de piezas. Vargas Llosa, Faulkner, Singer, Dostoievski, Arreola, Milton, Pessoa y Cervantes. Siempre habrá de dónde escoger.

Siempre estará todo gobernado bajo esa deidad que ponga a convivir y hacer funcionar esa máquina armada a su gusto. ¡Por qué no! El siempre carismático y elevado Borges, será encargado de la dirección técnica. Ya sea que por una u otra razón, nunca se vio parte del mundo del soccer activamente; su capacidad de análisis lo hace merecedor de tan nombramiento.

Puesto que, ni el primero ni el último. Mucho menos inmune a la fiebre mundialista. Un poco de analogía y sátira para enfrentar el mes más comercial, patriótico y malinchista del año. Un equipo formado a partir de habilidades artísticas. Puestos a competir en la imaginaria. El once ideal que para cada uno (que en sí lleva un director técnico) podrá ser totalmente inadecuado, pero sin duda, quien lo escribe, se sabe deudor con el género literario.  

-Montolivo Llosa.

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