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ESCRIBANOS

En pleno siglo veintiuno el mundo vive rodeado de la mayor cantidad de información. Todo lo que se conoce o desconoce (si aún se puede usar el término) está a un click de distancia. No se puede ignorar que los servidores llenos de datos que nutren el internet, o de los que se nutre; resultan el mejor escaparate para ser personas con alta capacidad pensante. Dicho sea de paso, la cantidad de material escrito, y que hoy día se tiene, debería ser una herramienta para el ser humano y su desarrollo.
Ahora, toda lengua se cree que comienza con un gruñido. Algo gutural. Es incompresible que se llegasen a formar grandes imperios sin la comunicación. Esta surge indispensable como parte del proceso de adaptación para las necesidades que iba presentando la vida en sociedad. Dando vuelta a la página, no podemos dejar de lado la cosmovisión bíblica. Misma que nos expone una población donde se habla un mismo idioma. Dios hace confundir el idioma al notar que las mentes trabajan unidas para el mal.
Sea que se tome cualquiera de las dos perspectivas y sin ahondar en el tema etimológico. Es importante saber que; dependientes del lenguaje para comunicar todo tipo de suceso es como se llegó al arte narrativo. Mucho hay que jamás llegará a conocerse. Hablando de historias para leer. Serán cantidad infinita las obras que se escondan de nuestra capacidad visual. Entonces, es muy probable que se pierda más de la mitad de la producción en un abismo totalmente profundo para albergar cada título ignorado.
Ernesto Sábato comenta en Uno y el Universo acerca del lenguaje que, llegado el momento de la acumulación de palabras, se termina por entender que la comunicación funciona mejor con la mínima cantidad. A veces dar vuelta sobre lo mismo como los filósofos, embarcará al ser pensante en ese retroceso que los evoque nuevamente al gruñido inicial.
Sin embargo, debe entenderse el oficio del escribano. Se asimila que vive de reinterpretar la vida de acuerdo con su visión. Ciertamente es un instrumento que recrea su realidad de una manera totalmente nueva. No pueden constar sus líneas simplemente de las anécdotas de alguien más. Sino basado en sucesos que influyen su día a día es como encuentra la cantidad necesaria de palabras para materializar cada uno de sus relatos. Esto redunda, sin duda; en más obras…



¿Cuántos escritores habrá que a pesar de ser publicados jamás serán leídos por las masas?
La respuesta tendría que ser rotunda. La mayoría de escritores se mantendrán en un casi anonimato, si bien les va. Pues, así como en cada rama del ámbito profesional; el de la literatura no se ve exento del monopolio que lleva al «éxito» aquello que represente una mayor audiencia de acuerdo con las ventas. No se debe pasar por alto que nada se logra con estar publicado en librerías una semana, o tener un tiraje de diez mil copias que acaben solo acumulando polvo en un librero, pero sin ser leído.

¿Debe entenderse esto como la aniquilación de la narrativa?
Seguramente tampoco. La inspiración de donde se sostiene la escritura nada tiene que ver con los negocios que hoy se han formado alrededor de ella. Es un instinto básico del ser humano a partir de su necesidad de socializar. Viéndose muy por encima, cada persona lleva en sí un narrador. Día a día se cuentan los acontecimientos de sus vidas. Entablan largas conversaciones experimentado angustia, felicidad, dicha o espanto por cada suceso.
Esto tampoco quiere decir que cada persona sobre la faz de la tierra deba ponerse a escribir un libro. Apenas si se logra poner en orden las palabras para expresar lo deseado, cuando diez individuos más con similitudes bárbaras en su relato; están llevando a cabo las narraciones de su tragedia y aventura. Demasiado desalentador…
Más allá de la catástrofe de nunca llegar a ser leído. El profesional de la narración nunca es un ser totalmente casado con la idea de figurar en los grandes escaparates. Siempre que se crea una obra, además de estar parchada por siete más, se aborda desde el orgullo de estar haciendo un trabajo para pocos. No se conoce a alguien (un literato en forma) gustoso de escuchar que su obra es tan sencilla que será leído por el hombre-masa. El ego del escribano surge todavía más alto. Capaz de encerrar su obra a una elite de personajes adecuados.
Es de gran importancia no perder la razón principal por la cual se seguirá escribiendo hasta el final de los tiempos. Podría responderse desde la perspectiva del humanismo. Aquella corriente que surge para rescatar la preponderancia del ser, y su interacción con la vida, sin llegar a depender de un ser supremo. El mismo no podía sino envolverse en conocimiento para alcanzar un estado de placer pleno. Un porqué que lo haga sentirse parte de todo.
También se podría tomar en cuenta la cultura judeo-cristiana que envuelve a todo occidente. Misma que erige una historia donde se va narrando la necesidad de la existencia de estos personajes (escribanos) que vayan dejando constancia de cada una de las actividades de un reino. Siempre fungiendo un papel importante en la catarsis de un pueblo al ser releídas por los más jóvenes monarcas.
Avanzar hacia esa satisfacción como personas, también degeneró a distintas figuras.  En una angustia social vivieron gran cantidad de seres que hoy solo se recuerdan en relatos. Grandes tragedias constan en los anales de la historia del mundo. Y cada personaje dispuesto a narrar lo sucedido desde su trinchera ha fomentado a corroborar ampliando el panorama para una mejor comprensión de los deslices de la sociedad.



Parece ser que los escribanos han sido inseparables a cada uno de los conceptos de su propio idioma. Las diferencias como raza se van olvidando de acuerdo con sus historias escritas. Se identifica el lector a través del ser y no por su estado físico. Es indispensable adentrarse a las letras de cada nación para entender, tal vez autenticando la versión de la Torá que somos sólo divididos por el distinto uso de los símbolos en el idioma.
Así se llegó a la obediencia a ese dios literario que difícilmente optará por dejar de susurrar cada una de las historias que busca contar. La gran literatura tiene en sí una detallada y profunda información acerca de lo que el hombre es. Se podría entender que allí radica el éxito de todos esos escritores que lograron trascender en el tiempo y colocarse siempre vigentes. Los problemas del ser siempre serán atemporales. Ante cualquier cambio de todo orden, siempre sufrirá las mismas imprecaciones de su esencia.
Puede casi definirse que el auge narrativo se ve sostenido por la nula confianza del individuo sobre su eternidad. De continuo se contempla que cada paso es un escalón más a la transitoriedad. El habitante de un pequeño espacio es consciente que abunda en brevedad. Aquí es donde emerge el genio para dar cuenta de esa fragilidad y jugar con su historia personal. Ser olvidado nunca es una opción. Siempre que se pueda hacer uso del relato; podrá contarse la historia de la humanidad.

¿Habrá un escritor siempre dispuesto a figurar hasta que alcancemos certeza de perdurar mañana?
La esperanza siempre debiera ser la última que abandone el barco. Más allá de grandes nombres. Se considera que la obra de estos escribanos fomenta el recuerdo y regala esa certeza de existencia de un más allá. También desnuda la incapacidad del hombre para dejar de creerse el centro del universo. Exterioriza los nulos valores del ser. Se puede decir que explica claramente cómo el alma es matizada constantemente por la bondad maliciosa. Ese oxímoron que resulta el hombre está plasmado en las grandes obras.
Así que donde exista una sociedad habitada por seres humanos. Los escribanos de su tiempo se enfundarán en la imaginación y capacidad de observar, y testificar; sobre cada uno de los detalles más singulares de su época. Agradecida la sociedad que se sucede constantemente a estos espectros del tiempo que logran volver eterno lo perecedero. Sin necesidad de retóricas o eufemismos.
Escribanos existirán como respuesta a las preguntas nunca contestadas. El placer generado por dichas historias tendría que entenderse más allá del mero entretenimiento. Tal vez ejercitando la introspección más aguzada sobre el sentido del género humano, se pueda realmente entender que necesita de estos relatos de hombres escogidos en esta labor, para no perderse ni olvidar su origen, mucho menos; la pequeña molécula que son en un universo infinito.

-Montolivo Llosa.

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