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LARGA VIDA

Uno de los grandes terrores del ser humano yace en su condición mortal, a lo largo de la historia la muerte se ha considerado como uno de los grandes males a vencer. La idea de prolongar la vida hasta límites absurdos, incluso hasta el infinito es igual combustible para sueños y pesadillas.

La inmortalidad, el don de la vida eterna aún permanece en la ficción y tiende a convertirse en una maldición. El hombre que nunca conozca el descanso eterno tendrá que sufrir que sus seres amados sean arrebatados por la fría dama, que el progreso lo excluya, la inevitable extinción de la raza humana y, al final, del propio universo, dejándolo para siempre en la soledad y agonía del vacío negro.

Dados los horrores que vencer a la muerte trae, no es raro que el género del terror lo haya adoptado como otro tema recurrente. Desde muertos reanimados hasta los clásicos pactos con el diablo. Los intentos de vencer a la muerte han escrito muchas páginas del bestiario del terror. Pero dejemos la escuela de Frankenstein de lado y veamos a quiénes, en lugar de volver de la muerte, decidieron no conocerla nunca.



Por el carácter fantástico del terror, es muy fácil dar con personajes que recurren a fuerzas sobrenaturales para que su existencia no termine, basta ver al Drácula de Stoker o Melmoth el errabundo de la pluma de Charles Maturin. Más el conocimiento humano también tiene voz en el combate a la muerte y era cuestión de tiempo antes de que la ciencia hiciera acto de presencia para crear seres inmortales.

A continuación, hablaremos un poco sobre dos grandes piezas en este sentido, donde los métodos “científicos” son el medio para mantener a los hombres con vida más allá de sus posibilidades naturales. Tenemos la peculiaridad de que sus autores son dos de las plumas más reconocidas en el género; H.P. Lovecraft y Edgar Allan Poe, quienes tenían constelaciones de fuerzas malignas para estos oscuros menesteres, deciden recurrir al conocimiento humano en la maldición de la inmortalidad.

Bajo cero

Empezamos con el maestro de Providence y su relato Aire frío, publicado en marzo de 1928 en las páginas de la revista Tales of Magic and Mystery, nos aleja del conocido horror cósmico de Lovecraft para situarnos en una modesta mansión en el Nueva York de 1923.

Un escritor recién contratado por una revista se ve obligado a rentar una habitación en el lugar, según él porque reúne los requisitos de buen gusto y precio bajo. Sobre su nuevo hogar vive un tal Doctor Muñoz, quien vive aislado del mundo exterior, pero conserva fama de hombre culto y misántropo. Llega el momento en que el narrador se ve acosado por los síntomas de un infarto y debe correr en busca de Muñoz.

El doctor lo recibe y consigue curarlo, dejando al protagonista eternamente agradecido y revelando, además, que el doctor padece una extraña enfermedad que lo obliga a vivir en la temperatura más baja posible. La habitación de Muñoz es un lugar casi congelado, incluso el narrador debe comprarse un grueso abrigo para poder entrar a la residencia del anciano.

Mientras la historia avanza, Muñoz emplea al narrador para realizar sus encargos en el mundo exterior y como mecánico ocasional para reparar los motores que mantienen el frío en su habitación. Entre tanto, le cuenta que es un enemigo declarado de la muerte y que todos sus experimentos van enfocados a vencerla.

Las historias del doctor perturban al protagonista, llevándolo poco a poco de la admiración a la repulsión, pero esto se ve truncado cuando uno de los aparatos se descompone irremediablemente, acarreando con ello una horrible muerte para el doctor revelando, de paso, que llevaba dieciocho años muerto y requería la baja temperatura para evitar la descomposición de sus tejidos.


El estado final de Muñoz, así como los pasos que sigue una vez empieza el aumento de temperatura nos lleva irrevocablemente a encontrar la inspiración del relato. Siendo uno de los cuentos favoritos de Lovecraft, también es el segundo relato que nos ocupa en estas líneas.


Sientes los párpados pesados

Aparecido en diciembre de 1845 en las páginas de la revista American Whig Review, Poe nos aterroriza con La verdad sobre el caso del señor Valdemar, tan bien ejecutada que durante un tiempo se tomó por un caso real, pensando que el relato en verdad era un reportaje periodístico.

En esta ocasión Poe recurre al mesmerismo, posteriormente evolucionado en hipnosis, para prolongar la vida de Ernest Valdemar; enfermo terminal de tuberculosis y amigo íntimo del narrador, quien está obsesionado con el trance hipnótico y desea probar sus efectos en el momento mismo de la muerte.

Así, Valdemar es sometido al trance hipnótico minutos antes de que sobrevenga la muerte. Si bien parte de su mandíbula se desprende, el experimento resultó exitoso y continua con una aparente vida, al menos su lengua se mueve y responde algunas preguntas, aunque con una voz escalofriante.

El estado de Valdemar se prolonga por siete meses sin cambios perceptibles, hasta que el protagonista y los dos médicos del muerto deciden sacarlo del trance. Como era de esperarse, el despertar reanuda la marcha de la muerte, provocando que el cuerpo de Valdemar se descomponga en un instante, dejando a los testigos horrorizados.

Como ya dije el relato pasó durante mucho tiempo como un texto periodístico, llegando a darse casos de personas que afirmaban haber reproducido el experimento con resultados similares. Obviamente todos se descubrieron como patrañas en cuanto Poe admitió que no era más que ficción.

La elección de la tuberculosis como la enfermedad mortal se debió, al menos así se cree, a que en el momento de su escritura Virginia Clemm, esposa de Poe, padecía la enfermedad con un diagnóstico que no le daba más de dos años de vida. Se sospecha que lo gráfico del relato se debe a todo el sufrimiento que experimentaba en su propia casa, de hecho, muchos consideran al relato como la primera obra del gore.




Y así termino este repaso por dos historias que buscan la tan ansiada inmortalidad con, como no podía ser de otro modo, nefastas consecuencias. Por el momento la ciencia para prolongar indefinidamente la vida sigue manteniéndose sólo en las páginas de la ficción, y si el precio a pagar es tan terrible como se temen los maestros del horror, esperamos que continúe así.

-El colgado de las letras.

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