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LAS HISTORIAS DEL MILLÓN

Resulta indudable que, a lo largo del ejercicio de la lectura, se adquiere mayor criterio y se enarbola una larga lista de esas historias que nos parecen mejores o peores. El aficionado va ensanchando su baraja de autores, al paso que va tomando mayor referencia sobre las particularidades de cada relato. Es claro que como lectores nos enfrentaremos a tomar decisiones sobre qué leer y qué no leer.  Hablemos entonces de las historias del millón.

Técnicamente habrá un compendio bastante completo para hablar de estructura y análisis literario. Pero el camino muchas veces resultará muy engorroso, así que optando por la mirada básica y común del lector. Intentemos hacer un ejercicio de selección. Cada persona que se enfrenta a un relato tiene un concepto, o una idea con la cual llega a ese libro. Esto le hará comenzar a leer animado o ya cansado por el supuesto de su contenido.

En ocasiones, será mucho más fácil abandonar la lectura para luego retomarla, cuando se esté tal vez más interesado o familiarizado con el tema que aborda el autor. Así como para el trabajo de escribir historias, resulta difícil comenzar con una novela. Cuando iniciamos dicho hábito como lectores; encontraremos complejidad si lo primero que se busca leer es a Los Hermanos Karamazov. Dostoievski ha de ser un tanto extenso e introspectivo, con una ambientación y temas filosóficos importantes.

Aquí también ha de influir (curiosamente) el número de páginas que se tengan en mente. Pareciera que no, pero el hecho visual influye, como al elegir pareja. El total de hojas para leer en ocasiones se traduce con renuencia o abandono. Puede creerse que una obra consta de un valor mayor por su grosor. Sin embargo, la calidad no tiene que ver con la extensión. Orwell señalaba que si puedes eliminar palabras, lo hagas.

Juan Rulfo, autor de Pedro Páramo y El Llano en Llamas. Dolor de cabeza para la crítica especializada; dado que su obra carecía de la extensión necesaria para concederle total distinción. Pues los puristas tomaban con reticencia aceptar la calidad, a veces solo por esa brevedad. Como lector, podrás encontrar ese total de palabras exactas, mismas que te envuelven en su obra y dejan satisfecho, ya sea con sus cuentos o novela.

Tomando en cuenta la literatura contemporánea, hay libros que resultan infinitos pero carentes de fuerza a la hora de conectar con el lector común. Ejemplo de ello, El arco iris de la gravedad de Thomas Pynchon. Obra de ficción que para la crítica se erige inigualable, pero que se vuelve un tanto abrumadora para quien adolece de contexto histórico social, e interés por el tema.  Esto nos llevará entonces al comienzo. ¿Con qué empezar? Sin duda, la respuesta es leer lo que de principio nos interese, para luego dar paso a un crecimiento en todo aspecto.

Leamos, sea lo que sea. ¿Será la postura más adecuada?

Consciente de que toda antología personal se basa en lo que individualmente nos parece más atractivo, el panorama se nubla al carecer mi juicio de un valor intelectual. Con lo cual me gustaría solo resaltar algunos puntos como lector habitual. Simples aportaciones a la hora de decidirse por un autor. Con la única intención que ayuden a quienes se desanimaron en su intento de encontrar esa novela, cuento o poesía…





Habrá que empezar sabiendo que no todos los libros resultan para mí.

Qué harías si tu primer intento se convierte en Crimen y Castigo. Es cierto que es una de las obras más memorables de la literatura universal. Pero que aborda un tema muy complejo para quienes solo quieren leer una historia que les haga menos adustas las tardes. El escritor ruso, lleva a sus lectores por un pasadizo de moral. Una zambullida tan profunda dentro del alma humana, que muchos se quedarán sin entender la mitad del proceso. Sin embargo, una vez aprendido el arte de reflexionar y ponerse introspectivo, resultará perfecta.

No solo es cuestión de profundidad. Hay relatos que por la manera de estar estructurados no consiguen ser eso que buscamos a la hora de leer. Claro ejemplo; es Bajo la misma estrella de John Green. Esta novela intenta ahondar sobre el tema del amor y el cáncer, la fuerte satisfacción que conseguimos al valorar las pequeñas e invisibles cosas de nuestro día a día. No resulta del todo recomendable por la poca seriedad en lo referente a enfermedades terminales, llegando a un cliché muy superficial.

Aunque no consta de una larga cantidad de páginas, tampoco logra llegar a un punto de tensión real. Si fuera bebida, resultaría esa que carece de azúcar y es reducida en calorías.  Como historia de amor, floja. Del lado de la consciencia para una enfermedad mortal (en una mayoría de casos) muy liviana. Casi como un cuento de hadas que se queda al filo de la nada.  No catártica.

La brevedad no será sinónimo de falta de calidad o de la misma.

Hay sin duda en toda literatura, esas breves historias que nos llevarán a pasar toda una tarde leyendo. No será su extensa cantidad de páginas sino la intriga y emoción de los personajes y su desenvolvimiento durante la trama. Estas joyas ocultas a simple vista brillarán para los ojos de quienes se topen con ellas. Por el año dos mil uno, Nacho Faerna publica en Ediciones B. Quieto. Una historia con apenas doscientas veinticuatro páginas.

La acción gira en torno a un asesino serial de mujeres. Mismo que va huyendo de sus demonios personales, enfundado en múltiples personalidades e historias de vida. Desde el comienzo te atrapa. Es un juego que te lleva a intentar resolver cómo será aprehendido el criminal. Toca temas de amor, traición, desengaño. Y claramente, sufre una catarsis el personaje principal. Desnudando toda su red de mentiras, el menos esperado. Una novela que te gana con calidad y sin escribir más que lo preciso.

Dejar para después ciertos relatos.

A todos nos deja un mal sabor de boca siempre que buscamos cumplir con nuestro itinerario de lecturas. Pausar la lectura de un libro. No se puede ignorar la importancia en la disciplina y perseverancia. Pero si es el caso, que esforzándose no se llega a un romance con el libro, lo mejor será dejarlo para después. Los intereses personales van menguando al ritmo que llegaron, y una vez reencontrado el texto puede ofrecernos una segunda oportunidad para terminarlo. La frustración a la hora de leer es la peor motivación para continuar haciéndolo.

Leer solo lo que me gusta no hará crecer o expandir nuestras lecturas.

Uno de los errores más frecuentes es leer sólo aquello que nos gusta. Ya sea que hablemos de un género en especial, autor, estilo… El acto de la lectura debe acabar siendo un escaparate hacia nuevos mundos donde podamos encontrar algo que nos induzca al crecimiento. De la manera en que no siempre necesitamos beber leche, sino que lo sólido de la carne y otros alimentos nos lleva a fortalecer el cuerpo. La variedad de lecturas debe ser indispensable.

No solo se vive de novelas o cuentos. Esto nos dará un amplio conocimiento y nivel de crítica para este tipo de relatos. Pero nos dejará tuertos para poder mirar más allá. Aunque todo comienza con el mero gusto de leer. No debería quedarse ahí. Se puede acotar que la negativa en distintas ocasiones es el miedo a no entender el contenido. Puesto que hay libros más complejos que otros, también la literatura formal, ofrece una amplia gama que nos puede ayudar en la comprensión de temas filosóficos, políticos, morales o religiosos.



Leer sin complejos.

Las grandes sorpresas de la vida vienen cuando nos quitamos el disfraz de entendidos y nos dejamos atrapar por los sucesos más sencillos. Así es como encontraremos aquellos textos llenos de magia y calidad. No todo será aventurarse por los clásicos, aunque son la base. También podremos hallar como en las novelas de Juan Hernández Luna, historias que nos intrigan y emocionan. Nos hagan cavilar y vislumbrar la dualidad de nuestra personalidad como seres humanos.

Los ensayos nos abrirán el panorama para poder tener seguridad en nuestra opinión acerca de diversos temas. En artículos podremos encontrar herramientas y datos lustrosos. Es pues el acto de leer, un compromiso entre el saber y comunicar lo entendido. No limitarse a leer, pero también crecer conforme acumulamos lecturas. Será el fin. En cualquier esquina una aventura nueva nos encontrará. Quién sabe si en una de esas historias del millón, hallemos lo que en un inmenso libro no pudimos vislumbrar.

-Montolivo Llosa.

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