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¿LOS LEÍSTE TODOS?

Una de las cuestiones imprescindibles para los que gustan del hábito de la lectura es siempre tener presente qué es aquello que leían esos personajes que forman parte de su bagaje intelectual. Esta curiosidad surge a partir de enfrascarse en esa búsqueda de amplitud literaria. Más precisamente; de la construcción propia del mapa de pensamiento para poder llegar a completar esa baraja de autores dignos de almacenar en la proyectada biblioteca personal.

Este espacio dedicado a la mera autocomplacencia. Se podría definir como el monumento más ególatra que puede existir para el lector. De la manera en que un deportista acumula trofeos que le recuerdan lo mucho que tuvo que trabajar para conseguirlo, así el lector va llenando su casa con esos ejemplares que en ocasiones se convierten en verdaderas batallas. Dicho sea de paso, lo dejan con una satisfacción que solo es propia en un gladiador.

Ralph Waldo Emerson gran contribuidor y líder del movimiento del trascendentalismo a principios del siglo XIX citó:
«La biblioteca de una persona es una especie de harén: todo lector con sensibilidad siente gran recato en mostrar sus libros a los forasteros».


Es sin duda ese recinto que no adolece de suntuosidad ni privacidad para la persona que se congratula de ir forjando colecciones a través de los años; cientos de ejemplares, en algunos casos millares. Podría decirse entonces, que un lector con el paso del tiempo se convierte en un coleccionista. Llegado el momento; se equipa de una cultura editorial que lo lleva a sufrir una especie de metamorfosis para luego renacer como un bibliófilo en forma.
Avanzando en esta nueva identidad de quien comienza invadido por la necesidad del saber, puede vislumbrarse claramente que a pasos constantes llega a conocer los diferentes aspectos del mundo del libro para entonces dar paso a esa acumulación de ejemplares cada vez más específicos. Muy superficialmente se puede tocar el tema de las primeras ediciones, o manuscritos de antigüedad. Pero ¿qué necesita la persona en la fabricación de su propia biblioteca?   

Georg Thomalia (actor alemán) nos responde:
«Para instalar una buena biblioteca particular se necesitan dos cosas: un amplio círculo de amigos y una mala memoria».
No se puede tampoco olvidar que el orden muchas veces no influye en la calidad de estos paraísos personales. Muchos intelectuales se caracterizan por el caos mostrado en sus colecciones. Es parte casi de la cultura del lector consumado, ir dejando por cada rincón y muchas veces sin sentido pleno; libro tras libro. Luego tampoco se puede intentar hacer una especie de cliché. Habrá quien guste por el orden sistematizado de sus ejemplares para tener un mejor control de su espacio.

Y en la misma sintonía se llega a una de las reglas más egoístas que puede existir para los amantes de la literatura. Una verdad demasiado cruda, puesto que la cultura debería ser comunal, sin embargo para fines de recopilación; Los libros que entran en esas arcas de difusión personal son materiales (como llaman en las bibliotecas públicas) de estantería cerrada. Si se pretende forjar una bibliografía digna de época, es imposible que se preste algún libro del compilado.  

Títulos y más títulos, ediciones que parecen sacadas de la misma edad media. Autores que sólo hayan leído los más enterados. Narrativa, poesía, ensayos, revistas, manuscritos, borradores de obras clásicas. ¿Qué debe abarcar una biblioteca de abolengo? Esto dependerá mucho del gusto personal de cada individuo, pero cierto es que la diversidad en las obras reunidas hará que el acervo sea atractivo, sin dejar de lado esa magia de haber sido lector de los diferentes ejemplares.

El tema se pone un poco más serio al tomar en cuenta que vivimos en una época donde la digitalización, está consumiendo y transformándolo todo. Y que contrario a lo que se cree, muchas veces también dichos ejemplares físicos necesitan de un cuidado especial, dado su antigüedad o calidad de edición. Ciertamente que una biblioteca digital se entiende en comodidad a la hora de viajar, no de arquitectura bibliográfica.

¿La cantidad de libros que pueda llegar a compendiar un lector puede ser entendida como ese total de obras leídas por el mismo? Difícilmente. Particularmente percibo esas grandes bibliotecas personales; como recintos de exposición cultural e histórica. Donde se muestran los hallazgos hechos por los coleccionistas. Me parece un tanto imposible que una persona llegase a leer la totalidad de sus acumulados.
Sin embargo es preciso también citar que la gran mayoría de grandes intelectuales contaron no solo con la cantidad, sino la dura lectura de muchísimos de esos escritos. Por eso son sus salas de trofeos. Asimismo, no se puede dejar de mencionar a aquellos que han dado renombre a este país.
Una de las bibliotecas personales más nutridas y desordenadas sin duda es la del escritor mexicano Carlos Monsiváis. En este acervo se puede encontrar una diversidad de libros, mismos que contrastan muy bien con la personalidad no sólo como narrador, sino con la persona del ya desaparecido intelectual. En ella se encuentran desde dramaturgia, narrativa, poesía. Por supuesto literatura: cuento, teatro, novela. Cuenta con una importante colección de obras sobre cine, fotografía artística y ciencias sociales. Así como colecciones de revistas. Cincuenta mil volúmenes conforman esta colección.
Cabe mencionar que dichas bibliotecas personales fueron adquiridas a manera de resguardar las grandes colecciones de los más representativos intelectuales del país. A las mismas se puede acceder de una forma muy sencilla en la Biblioteca México. Donde a cada una se le ha dotado de personalidad propia, los recintos se engalanan no solo con la cantidad de obras, sino la arquitectura y estilo de cada espacio que completan el garbo.


Otra que también resulta emblemática para este lugar, es la del poeta y ensayista Alí Chumacero. De capacidad un tanto menor, ya que cuenta con cuarenta y seis mil volúmenes. Se empotra en una sala donde se pretende recrear la del propio escritor. Llena de elegancia y con una especie de terrazas interiores que dan la luz adecuada. Un árbol que se erige como en la casa del intelectual. Este espacio se convierte en una experiencia única para el lector que busca sumergirse en ella. Su acervo consta de una organización más cuidada y sus obras van sobre literatura, historia, filosofía, arte, sociología, antropología, psicoanálisis, arqueología, psiquismo, ciencias sociales y humanidades en general.
Una de las características principales de la biblioteca radica en que está organizada por orden histórico/geográfico/cronológico/onomástico.
Para terminar, una menos cuantiosa hablando de ejemplares. Es la del poeta mexicano Jaime García Terrés. En su colección, que es mucho menor a las mencionadas anteriormente; se cuenta con un total de diecinueve mil trescientos ejemplares. De  los cuales destacan una de las mejores colecciones de poesía que existen. Así como una de literatura inglesa de los siglos XIX y XX. Sus temas; literatura mexicana, española, iberoamericana, francesa, inglesa, alemana, italiana, portuguesa, rusa, asiática, africana, checoeslovaca y húngara. La arquitectura resulta un poco más sencilla, incluso el lugar se percibe más natural. También cuenta con correspondencia hacia otros intelectuales como son: Max Aub, Mario Benedetti, Jorge Luis Borges, Luis Buñuel, Alejo Carpentier, Henry Kissinger y Diego Rivera.
Estos recintos son sin duda un aliciente para todos aquellos que buscan enriquecer su lectura y comenzar a crear su propio espacio; donde a través de la constante lectura, un día se pueda emprender una mejora referente a lo cultural. Y por qué no, sentir el ego hasta las nubes escuchando la pregunta: ¿Los Leíste Todos?

                                                                                                    -Montolivo Llosa.



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