Ir al contenido principal

¡SIMPLEMENTE LAS INVENTO! #18

Llegamos a nuestra edición dieciocho de nuestro espacio literario ¡Simplemente las invento! Para la ocasión traemos a El colgado de las letras, que en su segunda aparición en este espacio nos brinda una clásica distopía futurista.



LA TERCERA LUZ

Pensó que tenía suerte mientras se acomodaba en la silla. No resultaba fácil encontrar un trabajo bien pagado y con todas las prestaciones, especialmente uno tan sencillo como ese. El cuarto no era amplio, pero tampoco significa un desafío para un claustrofóbico. A su espalda tenía la puerta automática que se deslizaba hacia arriba apenas escaneaban su retina, a izquierda y derecha lo flanqueaban sendos escritorios de metal oscuro, cada uno con las siglas C.P.T. grabadas en una esquina. ¿Qué significaban?; no lo sabía y tampoco le importaba.

Al frente estaba lo más importante: el tablero de control repleto de medidores, pantallas con datos, perillas y luces. Cuando lo vio durante la capacitación pensó que incluso con una maestría jamás comprendería ni la mitad de los controles.

— Esto es información para los técnicos — le dijo el instructor—, tú sólo debes estar atento a estas tres luces.

En la mitad derecha del tablero, a unos cincuenta centímetros del borde superior, se encontraban tres rectángulos de plástico color rojo en línea. De izquierda a derecha, el primero y segundo rectángulo estaban iluminados.

— La tercera jamás debe encenderse, ese será su trabajo aquí — continuó la instrucción —. Si en algún momento se enciende todo lo que debe hacer es presionar este botón.

Debajo de las luces, un botón anaranjado de metal invadía buena parte del tablero; era el único botón entre toda la maraña de controles. Un sistema de bloqueo inteligente prevenía que se presionara por accidente a menos que la luz se encendiera. En sus doce años de empleado jamás tuvo que utilizarlo.

Consiguió el turno de la mañana, la Estación debía tener personal las veinticuatro horas divididas en tres turnos. Nunca supo qué era tan importante, desde el principio le dejaron claro que no le pagaban tan bien para hacer preguntas y él aceptó que podía vivir con eso.

Investigar conspiraciones y tratar de encontrar el hilo negro no alimentaría a su mujer, a sus gemelos y al recién nacido que acababa de llegar. Tampoco le ayudaría a pagar la hipoteca de su recién adquirida casa. Cambiar el diminuto departamento por una flamante vivienda de dos pisos, ocho habitaciones y dos baños era un sueño cumplido, todo por mantener la boca cerrada y vigilar que no se encendiera la tercera luz.

La civilización volvía a su curso tras la crisis por la escasez de recursos y las continuas guerras que amenazaron con destruir el planeta. El no lo vivió, pero las historias de su padre aún le arrebataban el sueño y algunas madrugadas. Tenía el consuelo de que esas historias siempre terminaban con la afirmación de su padre:

— Ahora sabemos qué salió mal e hicimos lo necesario para que no pase de nuevo.

El sonido casi lo hizo caer de la silla, un pitido agudo y continuo que lo regresó al presente. Su mirada buscó de inmediato la parte derecha; la tercera luz estaba encendida. El sudor perló su frente, su estómago se contrajo, un ataque de arcadas nubló su vista con lágrimas. Tal nivel de alarma sólo podía indicar algo grave, un peligro para el que no estaba preparado.

No saber con qué lidiaba sólo contribuyó al pánico, debía dominarse y apretar el botón. Su mano hizo contacto con la superficie metálica, de pronto tuvo la certeza de que era tarde, que no había cumplido con su deber a tiempo y alguna catástrofe cayó sobre el planeta por su culpa. La alarma continuaba sonando, si dudaba más sus temores se volverían realidad. Apretó el botón.

El ruido cesó de inmediato, pero la luz tardó veinte segundos en extinguirse, veinte segundos eternos en los que su respiración se interrumpió y estuvo más cerca que nunca de sucumbir al pánico. No pudo ahuyentar el nerviosismo durante el resto de su jornada, temiendo que en cualquier momento volviera aparecer el brillo en el tablero. Cuando llegó su relevo una sonrisa se dibujó en su rostro.

El camino de retorno fue normal hasta que la vio a lo lejos; una nube de humo y fuego que se erguía sobre lo que era su ciudad. Aceleró hasta que la visión de múltiples armas apuntándole lo detuvo. Un grupo de soldados y camiones blindados de color marrón bloquearon la carretera de acceso a la desaparecida ciudad.

—¡Baje del vehículo! — ordenó uno de los militares que le apuntaban.

—Yo… vivo…— quiso defenderse antes de ser extraído por la fuerza.

Antes de que se lo llevaran pudo ver el logotipo de los camiones blindados, supo que su padre tenía razón cuando dijo que la crisis no se repetiría, el pánico finalmente lo invadió al ver las mismas iniciales que había en sus escritorios, pero ahora con lo que significaba. En los camiones se leía: C.P.T. CONTROL DE POBLACIÓN TERRESTRE.

-El colgado de las letras.

Comentarios

VISITA LO MÁS LEÍDO

¡SIMPLEMENTE LAS INVENTO! #32

Aún nos queda combustible en nuestro regreso, de nuevo la pluma de Noemí Tejada Flores nos trae un relato perturbador para hacer las delicias en este inicio de semana.

DISFRUTANDO EL DESEO
El hombre escuchaba el noticiero nocturno; quiso poner más atención a lo que  el reportero decía: “Una persona había sido encontrada de bajo de un puente”, lo impactante de la noticia era  que el estado del cuerpo se encontraba con heridas extrañas,  parte de la cara parecía se le habían comido a mordidas, el antebrazo tenia las mismas señales, el glúteo derecho había sido fileteado como si fuera un pedazo de carne de res. La cámara quería acercarse al cuerpo pero sólo se veía una manta blanca que cubría un bulto. Este hallazgo podría tener bastante audiencia y durar por unas semanas en las televisoras.  Los periódicos se llenarían de imágenes horrendas, morbosidad que satisfará a los habitantes de la ciudad. La descripción del sujeto, un hombre de treinta y tantos años, delgado, con facciones finas, …

¡SIMPLEMENTE LAS INVENTO! #30

Damos paso a la edición treinta de esta sección donde compartimos el quehacer literario, y lo hacemos con el debut de nuestra nueva colaboradora Noemí Tejada Flores, haciendo su presentación con un pequeño poema.

45 SEGUNDOS
Por segunda vez he querido tocar el cielo.
Para saber si de verdad existe el algodón.
Por segunda vez se me rompe el corazón, y me encuentro entre cuatro paredes completamente sola.
No hay un tren que pueda ser mi aliado. No hay ni una pastilla para dormir. No hay nada que me atraiga para dejar de sentir.
Por segunda vez siento un vacío en el estómago, y sólo quiero llorar, llorar, llorar.
He sabido que el dolor no se cura; está ahí para siempre. La soledad me acompaña y también me hace caer cuando necesito ser más fuerte.
Por segunda vez quiero tocar el cielo; y descubrir que existe; que tomará mi mano, y nunca jamás me soltará.
Estoy triste. Nadie se dará cuenta porque solo tengo un teléfono donde escribiré que todo está bien, y pondré una carita emotiva. Donde nadie se…

¡SIMPLEMENTE LAS INVENTO! #33

De nuevo aparece Noemí Tejada Flores que nos comparte un cuento para disfrutarlo en este fin de semana largo.


EL MISTERIO DE LA PUNTA DE LA MONTAÑA
Antes de las seis de la madrugada salía a correr, el aire fresco lo respiraba profundamente,  le gustaba ver el cielo todavía oscuro y la estridulación de los grillos cuando pasaba por los jardines de la colonia, el silencio lo relajaba, disfrutar de los caminos solitarios le daba tranquilidad y continuaba así hasta llegar a la orilla. Tomaba una pendiente para regresar por el mismo lugar, tenía más altura el recorrido pero ir solo no era nada recomendable así que apenas llegaba al principio de las faldas de la montaña. Empezó a caminar por las mismas calles de regreso casa, se sentía diferente, el aire era más pesado, como si lo compartiera con alguien más. Se sentía cansado, miró su reloj para medir el kilometraje de su carrera. Se quedó pasmado, no podía creer que tan sólo fueran ochocientos metros. Se preocupó, tal vez algo le estaba pas…