Ir al contenido principal

DE BIBLIOTECAS PARADISÍACAS

De Bibliotecas Paradisíacas sabemos mucho en este planeta; dicho espacio para quienes gustan de la lectura es siempre un refugio atemporal donde invertir tiempo y aumentar conocimiento. Cierto que a veces se tiene la necesidad de sentarse a leer en la comodidad del hogar. Como reza un anónimo: «Una casa sin biblioteca es una casa sin dignidad». Ahondemos entonces en la necesidad de frecuentar estos nirvanas para los amantes de la lectura o simples mortales. 

No debe ser extraño que uno de los recintos menos visitados en este país sean las bibliotecas. Para muchos de los que crecen con una idiosincrasia matizada por la televisión; no les resulta difícil entender que no será necesidad primaria entrar en uno de estos espacios dedicados en su mayoría a la lectura. Pero vayamos más allá de simplemente pensar en libros viejos empotrados en estantes. Ya lo dijo John Steinbeck:

«Por el grosor del polvo en los libros de una biblioteca pública puede medirse la cultura de un pueblo».

Borges manifestó también la necesidad que el ser tiene de vivir rodeado de estos ambientes dedicados a la estimulación del saber. Una de las frases de su autoría que más brilla es, sin duda; «Siempre imaginé que el paraíso sería algún tipo de biblioteca». Puede que resulte demasiado profunda o quimérica, hay quien pueda argumentar, que solo tiene que ver con la afición por la lectura. Sin embargo, debe concebirse totalmente descabellada la idea que una biblioteca siempre será la cara A de todo aprendizaje. En ella se encuentra el núcleo de dicha actividad pensante. Más allá de una simple visión artística.



Seguramente puede que alguien a estas alturas no conciba en su contexto real lo que una institución de esta índole representa. La idea que se tenga de ellas habrá de resultar en esa frecuente asistencia a las mismas. Vayamos un poco atrás en el tiempo. ¿Cuándo comenzamos como sociedad a escuchar de estos recintos? Indudablemente todo tiene que ver con los griegos, se creerá. Pero no, originalmente debemos remontarnos hasta los tiempos de imperios mesopotámicos y egipcios. Dos de las más antiguas son las de Ebla y Lagash.

De acuerdo con su etimología, una biblioteca debería ser ese sitio donde se guardan libros.

Con el avance que los griegos trajeron al total de la civilización, se pudo percibir de una manera más organizada lo referente a estos templos dedicados a la acumulación de libros. Sin embargo, no fue sino hasta que los romanos (para muchos solo supieron copiar la cultura griega) que se erigió el concepto que hoy tenemos de Biblioteca Pública.
Como dato curioso los romanos se encargaron de cambiar el uso del papiro, para dar paso al pergamino. Pero siguiendo con la época helénica, las bibliotecas de Alejandría y Pérgamo fueron estandartes de los griegos. Sin embargo, se consolidaron grandes recintos públicos tiempo después. Y aquí llegamos al centro de todo. La Octaviana y Palatina resultaron en esos monstruos llenos de belleza y arte. Sin dejar de mencionar, claro está. La del emperador Trajano, Su Biblioteca Ulpia de gran trabajo arquitectónico, eclosionó el concepto.

Dar un brinco en el tiempo para situar estas líneas en el oscurantismo resultará productivo; un par de edificios en materia nos llevan a la creada por el Vaticano y más cerca del renacimiento la Corviniana. Ya de lleno e impulsado por el envión que produjo la reforma protestante, se crean nuevamente espacios para una cultura social. Aquí podemos entender que surge esta época para los lugares de alta nobleza, donde todo se baña de una erudición y abandona lo prosaico.

La sociedad vuelve a encontrar, o mejor dicho; abrirse paso a través de la culturización, a épocas de apogeo en las ciencias y el arte; pero esta no debe enclaustrarse al intelectual, si bien pretende una nación llegar a esa masa que es su población, un instrumento vital es el referente a estos sitios guardianes de las obras más notables y algunas incluso perdidas en el tiempo de su historia propia y universal. No se puede abandonar nunca la propagación de dichos claustros o la sociedad se verá mutilada.

Hablar de cada uno de ellos sería interminable, apenas si se contaría con el tiempo suficiente para documentar menos de la mitad. Pero al mencionar esta colección de recintos. El siglo XVI nos regala una de las más representativas para el género; Fontainebleau es una tan espectacular que no solo se erige como rincón perfecto para perderse y leer envuelto en su gutural silencio. Sino hoy vuelto destino turístico para quien viaja a Francia.

El siglo XVII dará luz a más de estos majestuosos templos protectores de libros y conocimiento. Oxford nos entregará su Blodeiana, Milán con su Ambrosiana. También podemos avanzar hasta el siguiente siglo. La siempre ostentosa Biblioteca Nacional de España nos recibirá imponente. Emprender el viaje por América, hará que se olvide un momento aquellas tierras europeas. Aquí en Norteamérica, nacen las bibliotecas universitarias de: Yale, Harvard, y Princeton.

La historia nos permite vislumbrar la pomposidad de dichos inmuebles, es verdad que referirse a cada una de las citadas, nos abre la mirada a entender mejor el esplendor de cada siglo. Sin embargo, hacer de lado el objetivo principal de ellas, es pasar desapercibido. No solo podemos ver a estos gigantes en estructura e historia como anécdotas del hombre civilizado, sino como su mejor aliado contra la ceguera social.

En México no carecemos del esplendor de lugares de tal magnitud. A pesar de la renuencia hacia el ámbito cultural; en su momento se llevaron a cabo construcciones para albergar lo que Gutenberg y su imprenta nos heredó. Hay palacios (literalmente) dedicados al resguardo de miles de ejemplares de todo contenido. Claro ejemplo de ello lo tenemos en Puebla. La Biblioteca Palafoxiana, fundada en mil seiscientos cuarenta y seis, se encumbra y conoce como el primer recinto bibliográfico público de América.

En su acervo se cuenta con más de cuarenta y cinco mil ejemplares. Entrar en este sitio, es realmente una aventura. Su colección abarca diversos temas. Mencionar solo algunos como teología, narrativa, geografía, historia natural, humanidades, entre otras. Es sin duda una travesía, sin mencionar que poder leer apenas el comienzo de esta gran biblioteca, tardará una vida. Entonces, no se puede sino comenzar cuanto antes.



Viajando hacia el rumbo de esta novel CDMX, se cuenta con variadas opciones y temas para deslumbrar los ojos y ensanchar la mente. Declarada por el siempre controversial Mario Vargas Llosa como la más bella del siglo XXI. La biblioteca México se engalana en pleno centro la ciudad. Contando con un acervo de doscientos cincuenta mil ejemplares para pasarse más de una era leyendo en sus amplios patios o bibliotecas personales (de las cuales en el siguiente artículo hablaré más a fondo). Dicha obra vio la luz en el lejano año de mil novecientos cuarenta y seis.

No se puede hacer un recorrido bibliográfico sin mencionar los más de un millón de libros y manuscritos que contiene la Biblioteca Nacional de México. Entre ellos el original de Pedro Páramo del escritor Juan Rulfo. Fue fundada en el mil ochocientos sesenta y siete por el presidente de aquel entonces, Benito Juárez. Pero no fue inaugurada sino hasta el mil ochocientos ochenta y cuatro, en ese tiempo ya contaba con noventa y un mil ejemplares.

De cierto que muchas grandes bibliotecas se han quedado fuera. Aunque sin duda la mejor opción para recordarlas será visitarlas y ser parte de su lista grande y nueva en las actividades que ofrecen. Estos monstruos bellos y centinelas de libros e historia de la civilización y cultura de cada nación no deben ser relegadas o consideradas obsoletas; aún con las novedosas tecnologías. Nada se puede comparar a sentarse en una sala embriagada de silencio, percibir el aroma de libros y más libros, escenario perfecto para el conocimiento. De Bibliotecas Paradisíacas está lleno el intelecto del pensador más sutil.

«De vez en cuando iba a pasar la noche en la biblioteca pública, para leer. Eso era como ocupar un palco en el paraíso. A menudo, cuando andoba la biblioteca, decía para mis adentros: ¿Por qué no vienes más a menudo? El motivo de que no lo hiciera, por supuesto, era que la vida se interponía en el camino. Uno muchas veces dice la vida para indicar el placer o cualquier distracción tonta».  Henry Miller.

Comentarios

VISITA LO MÁS LEÍDO

¡SIMPLEMENTE LAS INVENTO! #32

Aún nos queda combustible en nuestro regreso, de nuevo la pluma de Noemí Tejada Flores nos trae un relato perturbador para hacer las delicias en este inicio de semana.

DISFRUTANDO EL DESEO
El hombre escuchaba el noticiero nocturno; quiso poner más atención a lo que  el reportero decía: “Una persona había sido encontrada de bajo de un puente”, lo impactante de la noticia era  que el estado del cuerpo se encontraba con heridas extrañas,  parte de la cara parecía se le habían comido a mordidas, el antebrazo tenia las mismas señales, el glúteo derecho había sido fileteado como si fuera un pedazo de carne de res. La cámara quería acercarse al cuerpo pero sólo se veía una manta blanca que cubría un bulto. Este hallazgo podría tener bastante audiencia y durar por unas semanas en las televisoras.  Los periódicos se llenarían de imágenes horrendas, morbosidad que satisfará a los habitantes de la ciudad. La descripción del sujeto, un hombre de treinta y tantos años, delgado, con facciones finas, …

¡SIMPLEMENTE LAS INVENTO! #30

Damos paso a la edición treinta de esta sección donde compartimos el quehacer literario, y lo hacemos con el debut de nuestra nueva colaboradora Noemí Tejada Flores, haciendo su presentación con un pequeño poema.

45 SEGUNDOS
Por segunda vez he querido tocar el cielo.
Para saber si de verdad existe el algodón.
Por segunda vez se me rompe el corazón, y me encuentro entre cuatro paredes completamente sola.
No hay un tren que pueda ser mi aliado. No hay ni una pastilla para dormir. No hay nada que me atraiga para dejar de sentir.
Por segunda vez siento un vacío en el estómago, y sólo quiero llorar, llorar, llorar.
He sabido que el dolor no se cura; está ahí para siempre. La soledad me acompaña y también me hace caer cuando necesito ser más fuerte.
Por segunda vez quiero tocar el cielo; y descubrir que existe; que tomará mi mano, y nunca jamás me soltará.
Estoy triste. Nadie se dará cuenta porque solo tengo un teléfono donde escribiré que todo está bien, y pondré una carita emotiva. Donde nadie se…

¡SIMPLEMENTE LAS INVENTO! #33

De nuevo aparece Noemí Tejada Flores que nos comparte un cuento para disfrutarlo en este fin de semana largo.


EL MISTERIO DE LA PUNTA DE LA MONTAÑA
Antes de las seis de la madrugada salía a correr, el aire fresco lo respiraba profundamente,  le gustaba ver el cielo todavía oscuro y la estridulación de los grillos cuando pasaba por los jardines de la colonia, el silencio lo relajaba, disfrutar de los caminos solitarios le daba tranquilidad y continuaba así hasta llegar a la orilla. Tomaba una pendiente para regresar por el mismo lugar, tenía más altura el recorrido pero ir solo no era nada recomendable así que apenas llegaba al principio de las faldas de la montaña. Empezó a caminar por las mismas calles de regreso casa, se sentía diferente, el aire era más pesado, como si lo compartiera con alguien más. Se sentía cansado, miró su reloj para medir el kilometraje de su carrera. Se quedó pasmado, no podía creer que tan sólo fueran ochocientos metros. Se preocupó, tal vez algo le estaba pas…