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MUY HUMANOS

Tiempo atrás escribí un artículo para este blog donde trataba el tema de los perros en la literatura. En dicho texto mencioné varias publicaciones con datos muy sucintos; ahora, en este regreso a la actividad, me propongo ampliar un poco más sobre uno de dichos libros. El escogido es la más reciente novela del español Arturo Pérez-Reverte, publicada apenas el pasado 5 de abril bajo el sello de la editorial Alfaguara con el reconocible título de Los perros duros no bailan.

Estoy consciente de que Reverte no es un personaje del todo querido, yo mismo opino que se da más aires de los que merece, pero su literatura no me desagrada, aunque tampoco está entre mis favoritas. Pero dejemos los rodeos y vamos de lleno al mundo de los cánidos.



Noir perruno

La novela es narrada por un cruce de mastín español y fila brasileño conocido como Negro, sobreviviente retirado de las peleas de perros que un día se entera de la desaparición de su amigo Teo, un sabueso rodesiano, y Boris, el guapo; lebrel ruso estrella de exposiciones caninas.

Tras darle unas cuantas vueltas, Negro se decide a emprender la misión de rescate. Asistido por un buen número de aliados caninos se entera de que los secuestrados fueron raptados por los humanos que habitan en la Cañada Negra, ladrones y vendedores de droga de poca monta que también regentan el Desolladero; el recinto que alberga las peleas clandestinas de perros.

Sin ver otra opción, el Negro deberá volver a su pasado y dejarse atrapar para salvar a su amigo de una vida que conoce muy bien; además de luchar contra sus propios recuerdos amargos y la posibilidad de verse atrapado, una vez más, por la violencia y la sangre.

Los perros duros no bailan es una novela negra que no carece de ningún elemento propio del género. Desde la encarnación de típico detective duro hecha por el Negro, pasando por peleas de bar, que en este caso es un abrevadero alimentado por el desagüe de una destilería de anís, prostitutas, perros policías corruptos e incluso narcotraficantes, que en este caso trafican con cortes extraídos de las carnicerías. Pero está fidelidad al estereotipo da una curiosa consecuencia.

Un simple disfraz

Es muy prepotente de nuestra parte suponer que podemos entender la psique de los perros siendo que la nuestra aún es un gran misterio. Por esto mismo estamos de acuerdo que nuestros intentos por darle protagonismo a los animales se limita a meter un arquetipo humano en su pellejo.

Aún con lo anterior, el resto de historias de perros parlantes, al menos las que yo he leído, siempre funden detalles dentro de sus protagonistas a fin de que en ningún momento te olvides que no son humanos. La novela de Reverte rompe este esquema, teniendo varios momentos que te hacen volver al título del libro para asegurarte de que continúas leyendo una historia de canes.

Con la disyuntiva de saber si es una virtud o un defecto, Reverte pasa de conjugar el carácter “racional” del hombre con el actuar por instinto de los animales, para directamente volver cuadrúpedos y peludos a los clásicos personajes de la novela negra.

Así tenemos al consejero sabio en la forma de un podenco llamado Agilulfo, quien alcanzó un alto grado de cultura a base de vivir con un dueño intelectual. Una boyera de Flandes llamada Margot como la típica mujer ruda que regenta el abrevadero. Incluso el autor se permite un auto homenaje incluyendo una xoloitzcuintle llamada Tequila; jefa de la banda que trafica la carne e incluso le compusieron un corrido los Chuchos del Norte.

Completamos el cuadro con Dido, una setter irlandesa por cuyo amor Negro y Teo se distancian, además de una banda de perros neonazis, otro día les contaré por qué los nazis son los mejores villanos, que se llevan su merecido por mano, o pata, de nuestro héroe.

Con el trasfondo de las peleas de perros no se queda a deber la violencia y la crueldad, pero tampoco la comedia como en el momento que conocemos el funesto destino de Boris, el guapo. Tras desmayarse apenas ver a su oponente, sus secuestradores reconocen su pedigree y lo esclavizan como semental. Al punto que, cuando el Negro lo encuentra, le suplica que lo salve de sus insaciables compañeras de jaula.

Quizá lo único que le pueda reprochar sea la batalla concluyente muy en la línea de película de Bruce Lee a lo cincuenta contra uno, pero cincuenta inútiles que jamás tuvieron una oportunidad. Aunque es difícil imaginar otra forma en que los amigos pudieran salir de tal apuro sin que sea con las patas por delante.



Si te gusta la novela negra, las novelas protagonizadas por animales o buscas una lectura breve y emocionante; Los perros duros no bailan te garantiza más de cien páginas de una aventura canina sórdida y con la dosis justa de humor. En caso de que quieras comprar el libro, desde ESTE ENLACE puedes obtenerlo sea en formato físico o digital, tu compra también apoyara el proyecto de este blog.

-El colgado de las letras.

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