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ETERNOS SEGUNDONES

Con mucha probabilidad, Batman es el superhéroe más popular de todos los tiempos. Sea por carecer de superpoderes, por personificar la venganza que ansiamos o por su aura de tipo rudo que se las arregla solo. Y es la soledad la palabra clave en esta ocasión.

Por mucho que el hombre murciélago afirme que trabaja solo y que él es el único que debe enfrentar ciertas amenazas, la verdad es que es imposible pensar en el caballero de la noche sin que nos venga a la cabeza el nombre de Robin. El joven maravilla está ligado a la oscura figura de su mentor tanto como su símbolo o el icónico Guasón.

Y es que Robin no es el único nombre fuertemente asociado al murciélago, dejando de lado la liga de la justicia nos encontramos a Batichica, Nightwing incluso Capucha Roja. Podemos rastrear la línea de aliado hasta tiempos anteriores a la aparición de la llamada batifamilia, basta mencionar al comisionado de policía James Gordon o más representativo aún; al siempre fiel mayordomo Alfred Pennyworth.


Con esta introducción sólo busco recalcar que la mitología del héroe evita que este, por más malote que sea, se enfrente en completo abandono al mundo. Así como el villano se rodea de secuaces, el bueno de la historia tiene a sus propios aliados que no dudarán al acudir en su ayuda. Y en está ocasión me gustaría dar un repaso por tres grandes segundones en la literatura, tan unidos a la figura heroica que se podrían considerar como uno.

Sancho Panza

Siendo el español mi lengua nativa, empecemos por la más icónica de las novelas en este idioma. Y es que El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha quizá no habría salido tan airoso si Cervantes no le proporciona su justo contrapeso en la figura del escudero Sancho Panza.


Don Quijote se hace acompañar por Sancho después de nombrarse caballero, recordando que todo héroe de la caballería necesita un escudero. Siendo la contraposición del caballero de la triste figura, hombre rústico, sencillo y realista, Sancho sólo acepta acompañar a su nuevo señor por la ambición, puesto que se le promete el gobierno de una ínsula.

Así vemos a Sancho buscando disuadir al Quijote de sus fantasiosas empresas, ya sea luchar contra molinos de viento tomándolos por gigantes, o cargar contra un rebaño de ovejas creyéndolo un ejército enemigo, con poco éxito y grandes consecuencias.

Poco a poco la locura del caballero va calando también en su escudero, que jamás pierde sus características de hombre de pueblo, pero se nota la refinación del lenguaje e incluso adopta al Quijote como un maestro, aceptando sus consejos cuando finalmente se hace con la gubernatura de una ínsula.

Aunque al final lo de la ínsula resulta ser una broma de mal gusto para que la gente se burle de él, lo cierto es que Sancho hace un fantástico trabajo solucionando muchos de los problemas en su gubernatura. Más el enterarse de la verdad lo lleva a la decepción y regresa al lado de su señor a lomos de su asno, acompañándolo hasta su lecho de muerte.

Samsagaz Gamyi

Una tarea tan titánica como destruir el Anillo Único que Tolkien nos propone en su saga El señor de los anillos es tarea para más de uno. Y dio la casualidad que el jardinero de Frodo, imprudentemente, escuchó la conversación entre el hobbit y Gandalf, sellando su destino de caminar hasta las tierras de Mordor.


Así es como Sam terminó por acompañar a su señor en la misión, convirtiéndose en uno de los más entrañables aliados de la literatura. A símil de Sancho, Sam es un hobbit sencillo que gusta de llevar una vida simple, por lo que algunos estudiosos lo consideran un alter ego de Tolkien, muy poco preparado para la aventura.

En un principio interesado por la oportunidad de conocer a los elfos, su devoción hacia Frodo lo convertiría en su más grande aliado, siendo el único que logró seguirlo cuando la Comunidad del Anillo se disolvió y jamás fiandose de la criatura Gollum cuando Frodo la reclutó como guía. Pese a que el antiguo hobbit logró volver a su señor en su contra, Sam continuó con su ciega tarea como protector, llegando a rescatarlo del ataque de Ella-Laraña y tomando su relevo como portador del anillo cuando lo creyó muerto.

Es de destacar la voluntad de Sam, pues no se dejó consumir por el llamado del anillo y pudo devolverlo a Frodo cuando este se lo pidió. Al final asistirá a la partida de su señor, pidiéndole una vez más que lo dejara acompañarlo ante lo cual recibió la revelación de todo lo que vendría para él y sería nombrado heredero de Frodo para continuar la historia del Libro Rojo.

A diferencia de Sancho, Sam se ve prontamente contagiado por el deseo de aventura, y más allá de Frodo Sam podría considerarse como el verdadero héroe improbable de la historia, sobreponiéndose al miedo en más de una ocasión con tal de ayudar a su señor, sin estar obligado a ello por llevar la malvada sortija.

John H. Watson

Empezábamos este artículo con el caso de Batman quien, en su universo, es considerado el mejor detective del mundo. Ahora toca cerrarlo con alguien que tuvo previamente esa distinción, o más bien hablaremos del Robin de la época victoriana.

El antiguo médico militar John H. Watson, o Doctor Watson para los amigos, se encuentra con el gran detective Sherlock Holmes al ser presentados por un amigo en común y terminan compartiendo el mítico apartamento del 221B de Baker Street por falta de capital.


Con una mente como la de Holmes al lado, era cuestión de tiempo antes de que Watson, por obra de la gran admiración que le causa el detective, se vuelve partícipe de los misterios policíacos del detective. Oficialmente es el doctor quien escribe los casos resueltos por Sherlock, aunque el detective en más de una ocasión afirma que tal actividad no es de su agrado pues adorna demasiado los hechos.

Watson también cumple con su papel de contrapeso al héroe, pero a diferencia de los anteriores, dada su formación militar, no se muestra tan reacio a enfrentar el peligro, llegando a utilizar su revólver en más de una ocasión para sacarlos de algún apuro. Pero sigue siendo el hombre común, brillante pero no al grado de la máquina analítica y sin sentimientos que es Holmes.

En cierto punto, Watson es considerado el arquetipo de compañero para las novelas de detectives. Aunque algunos afirman que los Watsons deben ser estúpidos, Doyle jamás dio esta característica al suyo, incluso el doctor llega a tratar de resolver casos implementando la metodología de Sherlock, pero según este es demasiado inocente para ser un detective apropiado.

Por mi parte es todo en este sucinto repaso de los compañeros que nos ha dejado la necesidad de que el héroe tenga un aliado. Alguien que haga contrapeso y complemente las habilidades de los protagonistas, pero la mejor descripción de estos segundones, me parece la que hace Watson al referirse a su papel en los casos de Sherlock:

Holmes era un hombre de hábitos [...] y yo era uno de esos hábitos suyos [...] un compañero en cuyo temple él podía confiar hasta cierto punto [...] Yo era la piedra de afilar en la que se aguzaba su inteligencia. Lo estimulaba. [...] Si esa especie de lentitud metódica de mi mentalidad le irritaba, esa irritación servía únicamente para que sus llamaradas de intuición y sus impresiones estallasen con mayor viveza y rapidez. Ese era mi humilde papel en nuestra alianza.

-El colgado de las letras.

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