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FUERA DE CONTROL

En el mundo de la literatura, existen personajes fuertemente ligados a las mentes que los concibieron; así es imposible mencionar al Quijote de la Mancha sin que nos asalte el nombre de MIguel de Cervantes, o Romeo y Julieta sin entonar al menos el apellido de William Shakespeare. Creaciones y autores hermanados para la inmortalidad.

Pero cada moneda tiene una cara y una cruz, porque tampoco es raro encontrar a personajes que sobrepasan a sus creadores y se labraron una reputación dentro de la cultura popular dejando completamente de lado a la pluma de la cual emergieron. En las líneas siguientes, daré cuenta de algunos de los más famosos ejemplos de este, digamos, descontrol.



Si bien en los últimos tiempos el rey de los vampiros ha empezado su enlace constante a la figura del escritor Bram Stoker, incluso ha ganado popularidad el príncipe transilvano que sirvió como inspiración al autor, no se puede negar que el salto del chupasangre desde las páginas hasta el fenómeno que es hoy se deba sólo a la pluma del irlandés.

El camino del conde para convertirse en el arquetipo por excelencia del vampiro no comienza, como el de otras figuras, en la gran pantalla, sino en los escenarios. Ocho días después de la publicación de la novela, el propio Stoker se encargó de organizar una suerte de representación teatral, que más bien fue una lectura realizada por un grupo de actores. Se cree que esto fue con el motivo de garantizar los derechos de autor del personaje y la obra.

Sería Hamilton Deane quién finalmente adaptaría la novela al teatro, estrenándose en 1924 en Londres y en 1927 en Broadway. La puesta en escena tendría tal éxito, que sería este guión en el que se basarán las tres primeras adaptaciones cinematográficas de Universal Pictures. El último ingrediente para la consagración del conde, y la sepultura momentánea del nombre de Stoker, sería el actor Béla Lugosi, encargado de dar vida al conde tanto en los teatros de Broadway como en el filme de 1931.

Sería la actuación de Lugosi la que pondría al alcance de la cultura popular el peligro y la atracción que tan bien mezcló Stoker en su personaje y que terminaría por ser común a cualquier otro chupasangre que surgiera a partir de entonces. Esto sin mencionar al personaje de Van Helsing, que terminaría por mezclar sus conocimientos con habilidades propias de aventureros para dar forma al arquetipo del cazador de monstruos.



El génesis de los espías, el agente 007 con “licencia para matar” no surgió en las grandes pantallas, sino en las páginas escritas por el periodista inglés Ian Fleming, quien utilizó sus experiencias como agente de la inteligencia naval británica durante la segunda guerra mundial para dar forma al agente encubierto encargado de resguardar la seguridad de la Gran Bretaña, y del mundo de paso, además de quedarse siempre con la chica.

Si bien las catorce novelas que Fleming escribiera en vida fueron un éxito comercial, sería la gran pantalla y el actor Sean Connery quienes desataron a la bestia dentro de la cultura popular. El detective noir rudo y sin escrúpulos se vería desplazado en el ideal justiciero por el espía de vestimenta elegante, paladar gourmet y gesto seductor que luchaba contra genios malignos en medio de un escenario tan puesto a la intriga internacional como fue la guerra fría.

Aunque actualmente siguen publicándose novelas sobre el personaje, obviamente de la pluma de otros escritores, es innegable que el principal escaparate del 007 es la gran pantalla, con filmes que recaudan millones hasta la era actual. A esto debemos sumarle toda la mitología que se ha formado a su alrededor con los vehículos, videojuegos, ciudades donde se han rodado las películas e incluso las estereotipadas chicas Bond.

El hecho de que el Bond literario no difiera mucho del cinematográfico es una de las grandes razones por las que la pluma de Fleming se vio superado por el monstruo de la cultura popular en que se convirtió su famoso espía. Un cóctel de glamour, sofisticación y acción convierten al 007 en un personaje que mantendrá en la irrelevancia a su creador original para todo aquel que se conforme con únicamente ver las hazañas del espía en las salas de cine.



El bárbaro de larga melena negra, piel tostada y figura casi deforme por su ridícula musculatura no es una excentricidad de los juegos de rol o los comics, sino la obra inesperada de la pluma del escritor texano Robert E. Howard, quien destacó por ser uno de los pilares de la revista Weird Tales y miembro del círculo de Lovecraft.

Serían precisamente las páginas de la revista pulp las que verían nacer al cimerio y su Era Hiboria. Los cuentos alcanzan una gran popularidad entre los lectores habituales de la publicación, pero sería tras el suicidio del autor cuando sus herederos abrirán la caja de pandora y transformarán al bárbaro en uno de los grandes personajes de la cultura norteamericana.

En un principio los cómics y juegos de rol serían el mercado de Conan, cosas catalogadas como propias de frikis sin vida social que bien podían soñar con ser el musculoso guerrero que gasta su vida entre sangrientas batallas, festines abundantes y noches de lujuria con bellas doncellas. Sería de nuevo el cine quien le daría el impulso final, esta vez gracias al austriaco Arnold Schwarzenegger.

Posiblemente el segundo papel más icónico del actor, sólo por detrás de Terminator, Conan nos introdujo al prototipo del antihéroe, siendo que el bárbaro se regía por su propio código moral y no dudaba en echar mano del hacha cuando consideraba que se cometía una injusticia. A partir de entonces la figura del guerrero primitivo quedaría ligada para siempre con la figura del cimerio, dando lugar a personajes como He-Man.

Obviamente la avalancha de cómics, videojuegos, series televisivas y todos aquellos personajes calcados de Conan, terminaron por sepultar el nombre de Howard incluso en la propia literatura, pues más de uno de sus cuentos originales sufrió alteraciones para hermanar al bárbaro original con sus versiones posteriores.

Aún siendo el fundador del género espada y brujería, Howard se vio consumido por su creación, llegando al punto que muchos creen que el génesis de Conan son los comics. Peor aún, quien se entera de los relatos originales los descarta inmediatamente como literatura basura, pero las aventuras del bárbaro manadas de la pluma del texano son mucho más profundas de lo que puede parecer a simple vista.



Si hay un grito inconfundible que mana del interior de las selvas africanas, y de los cláxones de minibús, es el del hombre criado por monos. Si bien el grito es obra de la industria cinematográfica, el ser que lo emite nació de la pluma de Edgar Rice Burroughs para las páginas de la revista All Stories Magazine.

La que originalmente iba a ser una novela con sólo una secuela, se convirtió en una serie de veinticinco y vio nacer al que aún conserva el título de ser el segundo personaje más adaptado al cine. Si bien Burroughs vivió para ver y participar del éxito de su personaje, tampoco eso lo salvó de que su nombre pasará de ser una mera curiosidad para los seguidores más curiosos del rey de la selva.

Si bien las novelas tuvieron un éxito instantáneo, la incursión de Tarzán en el séptimo arte no terminó de cuajar hasta 1932 cuando el antiguo nadador y waterpolista Johnny Weissmüller es elegido para interpretar al hombre mono en una elección que dejó encantado al propio Burroughs. Weissmüller llegaría a filmar doce películas del personaje, quedando como su avatar más recordado.

El romance entre Tarzán y Jane pronto tendría un lugar de honor entre las parejas de hollywood, la adición del clásico grito y el famoso chimpancé compañero conocido como Chita (Cheeta en el inglés original) terminarían por formar el universo que llegaría hasta la cultura popular, dejando de lado al escritor y argumento original. Girando más hacia el triunfo de lo salvaje, que a la idea del triunfo de la civilización y la superioridad del hombre sobre la bestia que encontramos en las páginas del novelista.


Y aquí terminamos el listado de esta ocasión, gracias a quienes tuvieron la paciencia de leerlos y ahora que les metí la duda en el cuerpo busquen si ese personaje que tanto admiran tiene alguna base literaria, puede que se lleven una grata sorpresa.

-El colgado de las letras.

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