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PERIODISTA DEL MÉTODO

Corre por las venas de ciertos personajes una capacidad para soportar la realidad. Se vuelven, por y para nosotros; en ese catalizador vital. Es ahí donde la observación nos remite a grandes anécdotas que después se vuelven historias. No obstante, algunas recaen sobre la expresa realidad que nos invita a mirar más allá de nuestros intereses personales. Es aquí donde figura un oficio capaz de erizar la piel, abrazado por muy pocos.

El periodismo resulta una especie de arte para aquel que mirando las circunstancias se atreve a plasmar cada uno de los hechos. Cierto es que la contemporaneidad del oficio hace que el lector se desvíe en su apreciación. Hubo también ciertos personajes literarios que despectivamente se refirieron a ello. No se hablará tampoco del trabajo de miles de personas ordinarias que inundan la televisión. Más bien, el concepto de periodista irá centrándose en un corresponsal.  

Oscar Wilde señalaba acerca del periodismo que la diferencia con la literatura era su ilegibilidad, mientras que el arte narrativo no era leído. 

Con esto, se puede señalar que el público a quien va dirigido el oficio es totalmente universal. Sin embargo, no puede dejarse de entender las limitantes ante los productos de la oferta televisiva. Esto ha mermado mucho la credibilidad. También ignorar el problema que ha venido siendo desde la época victoriana ayuda a su entendimiento.

El periodismo para Orwell debe ser todo aquello que la gente no quiere que sea publicado, lo demás son solo relaciones públicas. Así que el periodismo debería ser la realidad de una sociedad. El centro de ello debería ser informar en forma objetiva sobre aspectos diversos de una nación. Abbot Liebling cita que a menudo las personas confunden con las noticias lo que leen en un periódico.

Definitivamente desde años pasados el oficio está devaluado por el apogeo en los medios de comunicación. Mismos que justamente se dedican a comunicar aquello que mejor resulte para su fin comercial. Sin duda no se detiene mucho a pensar hoy día la sociedad. La necesidad de la inmediatez en la peculiaridad del siglo veintiuno. Pero no siempre lo mediático reinó sobre la razón.

Retomando al eje de estas líneas. Hubo un pilar del periodismo escrito. Para muchos un desconocido o desactualizado. Para otros, atemporal y necesario como referente para dedicarse a narrar la situación social. Me refiero, claro está; a Ryszard Kapuscinski.



Este eterno corresponsal vivió lo que debería ser uno de los requisitos para entender la realidad en la manera que se concibe para muchos. No sólo ejerciendo el oficio desde una oficina, sino en ocasiones padeciendo la misma cotidianidad de lo narrado en cada línea.

Autor también de diferentes obras narrativas, de pluma libre; logró concentrar sus experiencias en gran cantidad de relatos y artículos. En uno de sus mejores trabajos: Ébano demuestra su capacidad y temperamento. El contenido del libro no solo nos permite comprender mejor los variados aspectos del oficio, sino que a través de su pluma se logra el lector identificar en más de una ocasión.

Ahora, la precisión de un buen periodista radica, según él mismo en que puedas ser testigo de las cosas que acontecen y de las que acontecieron, e incluso de las que han de acontecer. No puede dedicarse a ello sin el contexto necesario. También recurre a que todo hombre que desprecia a la gente de la cual va a escribir, no sirve. Fundamental se erige la empatía. En estos puntos; que se convierten en sentencias lacónicas. Se logra desmenuzar una vez más, la situación actual de dicho oficio.

Se ha perdido mucho la concepción del retrato individual dentro del periodismo contemporáneo. La generalización que se realiza hoy día hace que todo se conciba como un ente sin conciencia o autonomía, una masa que no siente sino lo que se le dice debe sentir. Ahí se agrupa el ejercicio de comunicar de acuerdo a una perspectiva superficial.

No debería ser extraño que voltear la mirada hacia el pasado inmediato muchas veces parece ser la bocanada de aire que necesita el periodista. El malo y el bueno, según Ryszard se distingue también en la capacidad como historiador que se tenga. Aquel que solo dedica a describir un hecho sin profundizar en su análisis no está cumpliendo con lo requerido por el purista polaco. Ya que aquel que cuenta lo acontecido, debe también saber explicar el porqué.

Estos causales para el buen uso del periodismo deben tener una real solidez. No se puede abordar un suceso simplemente bajo la trivialidad del acto. Hay que tener capacidad para entender y proponer. Esto es, un sentido de identificación.  Una esencia. Mucho del problema nuevamente recae sobre la inmediatez que vive la sociedad. El entretenimiento que busca vender más allá de crear una verdadera conciencia.

Sin duda no es difícil percatarse de esto. Dado que las publicaciones más solicitadas son aquellas que exponen sin una censura aquellos crímenes cometidos por cualquiera. Pero estas mismas carecen de un verdadero acto de comunicar. Es simplemente poner a circular información sin pies ni cabeza. Esto sería totalmente señalado por el ya fallecido periodista. Kapuscinski hace también pensar demasiado en la manera de relacionarse que se necesita para esta labor.

La experiencia personal debe ser uno de los elementos claves para poder enarbolar crónicas o explicar acontecimientos dentro de distintos grupos étnicos. Al final lo cíclico del ser humano no debe ser tomado como algo ajeno al resto. Ya que cada grupo social experimenta los mismos cambios, siempre matizados por el entorno cultural por el cual es rodeado. Así que será indispensable ese roce constante con lo descrito en algún artículo o crónica.  

Siempre y cuando se tenga en cuenta el valor humano por encima del material. Una sociedad podrá avanzar hacía lo correcto. Hará de su historia algo que se pueda contar y será la base sobre lo que se funde el propósito de mejorar. La devaluación del periodista no solo tiene que ver con los modelos hoy establecidos. Es cierto que hoy el amarillismo o los pseudo espectáculos rodean todo el orbe comunicativo. Pero abrir una página y exigir más es responsabilidad del lector.



Hay sin duda un periodismo vivo y veraz. Siempre que alguno esté dispuesto a contar la verdad, comprometido y sugerente. Imbuido en esa historia, empatía y relación personal, podrá sacar a flote el oficio que debería ser primordial. Una sociedad que carece de información, será el equivalente a un cuerpo con deficiencia en vitaminas. Así que, hay opciones que nos dejan un buen sabor de boca, anexos a nuestra historia que cuentan la verdad desde el centro de los sucesos y no desde una oficina. Corresponsales o no, el periodista del método sabrá llevar a cabo su oficio. Informar…  

-Montolivo Llosa.

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