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¿RESURGIRÁ DE LAS CENIZAS?

Una de las más grandes catástrofes no solo a nivel nacional, sino universal para la cultura; ha sido lo acontecido hace unos días en Brasil. De sobra se puede entender que las grandes adversidades en la vida pueden venir sin llamar a la puerta. El asunto va más allá de cuantificar la magnitud del daño, puesto que lo perdido, ya no puede recuperarse, el siguiente paso debiera saber qué se hace para estar prevenido a los sinfines de sucesos que se erigen cotidianamente contra estas obras invaluables.
El Museo Nacional de Río de Janeiro contaba con más de veinte millones de piezas. Entre ellas; una de las colecciones más grandes de momias egipcias, así como el cráneo de Luzia que era el fósil humano más antiguo de América, por sólo mencionar algunas. Todo esto fue devorado por el fuego del pasado domingo. Sin duda que la sociedad, ya no sólo de la cultura, sino mundial hizo notar su desaprobación al gobierno.
Hallar culpables, tampoco puede resultar muy indispensable en esta parte del proceso. Sin embargo, señalar los errores debería ser parte fundamental del crecimiento en toda área. Resulta muy irrisorio, y más allá de cuestiones políticas, Se tendría que entender como una advertencia general para los distintos organismos encargados de salvaguardar el patrimonio cultural de un país. Siendo objetivos, el problema con lo ocurrido en este museo fue la falta de recursos.
Me parece totalmente absurda la dualidad en cuanto a posturas. Si se habla concisamente de que para eventos de tipo comercial [léase claramente mundial de fútbol] se hayan destinado recursos por 12 mil millones de dólares*. Es un poco absurdo que a tal tipo de espectáculo se le haya destinado tal cantidad de dinero. Ahora; la pregunta más inocente es ¿de dónde sale esa suma para unas cosas y otras no? Una sonrisa irónica ha de ser la mejor respuesta.
Según las investigaciones que se han realizado, hay dos posibles líneas que dieron origen a este incendio. Una de ellas: la de un corto circuito originado en un salón audiovisual. La otra; que haya caído uno de los globos aerostáticos de nombre baloes (típico en ciertas festividades de la zona). Siendo la segunda un poco más probable de acuerdo a la lógica, ya que el incendio se originó de arriba hacia abajo.
El luto no puede ser menor. Han sido años de trabajo de miles de personas, de gente que se esforzó por acrecentar el acervo de dicho recinto. Ahora todo aquel esmero, ha sido reducido al diez por ciento que pudo rescatarse. Las miles de voces no han tardado en hacerse escuchar. Todas apuntan al mismo punto.
Ya desde hace años había sido de dominio público esta protesta constante. Durante distintos mandatos, se buscaba conseguir mayor aportación del Estado. Siendo una constante en la negativa por parte de los mismos. Después de una recaudación por parte de funcionarios de la institución, se había logrado reabrir una sala destinada a la exposición de dinosaurios (cerrada por un ataque de termitas).

Debería ser indignante que también hubiera un proyecto donde se destina una suma muy cuantitativa (que jamás se dio) justamente para prevenir y equipar al museo contra incendios. Por otro lado, el ministro de cultura tuvo la osadía de culpar a la gestión encargada del mantenimiento del lugar; la universidades. Sin duda, algo fuera de lugar puesto que con un presupuesto tan escaso, poco se puede hacer.
Aquí también puede hacerse mención que todo viene sucediéndose por los recortes presupuestales del gobierno, dada la inflación que se vive en el país amazónico, aunado a que el Palacio de San Cristóbal formaba parte de uno de los distritos afectados por dichos recortes, pero que no puede tomarse como justificación, fue un descuido grave al patrimonio cultural.
Es así como una vez más el mundo de la cultura se ve abrazado por una tragedia. Seguramente cada pieza perdida se llevará al silencio del olvido una parte de nuestra historia como continente. Ya sea desde el mencionado cráneo de Luzia, la colección arqueológica egipcia, los acervos paleontológicos, el meteorito de Bendegó; o la colección de arqueología clásica. Cada una con un peso histórico que no se volverá a recuperar.
Más de doscientos años de trabajo, investigación y datos se han perdido por el descuido de un sector indiferente al peso de la historia, un palacio que databa del siglo XIX donde se exponía solo el uno por ciento, dada su grandeza en el acervo.
Creo oportuno hacer caso y tomar como advertencia el suceso en Brasil para frenar el descuido a estos templos que guardan los archivos que constatan el paso de cada civilización hasta llegar a nuestra contemporaneidad. Obras que son patrimonios de valor incalculable. Hoy perdidas en el anonimato y sentenciadas a la memoria. Es verdad que el proceso digital ayudará a rescatar muchas obras, pero nunca podrán compararse con las reales.
Mientras la sociedad le siga dando mayor peso a lo comercial, a generar dinero y buscar siempre el crecimiento de las grandes marcas y/o corporaciones, todo aquello que no tenga denominación carece de sentido. Sin embargo, de la misma forma; un día puede que la humanidad simplemente acabe por desaparecer a manos de lo acumulable y sin pruebas de la existencia, perderse en la vastedad del universo.


-Montolivo Llosa.

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