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Releyendo los cuentos de Richard Matheson, en específico el libro Pesadilla a 20000 pies y otras historias, me percaté de que el nativo de Nueva Jersey tiene una extraña fijación con la figura de la casa encantada. Tanto que los dos cuentos más largos de la colección son precisamente sobre este arquetipo, obviando claro que Matheson tiene una novela que aborda el mismo tema.

Más allá de que varios de los cuentos en esta colección también recurren a objetos y habitaciones encantadas, nos concentramos en los dos cuentos donde el edificio completo está bajo la influencia de una fuerza sobrenatural. Si quieren ampliar al respecto, en mi reseña de La maldición de Hill House me doy un tiempo para divagar sobre las diferencias entre la casa encantada y el mal lugar.


Pero toca centrarnos en la pluma de Matheson, los cuentos no están ordenados por su posición en el libro, sino por lo interesante que me parece el planteamiento.

La casa Slaughter

Si queremos una historia de casa encantada de tomo y lomo hemos de voltear a ver La casa Slaughter que cumple todos los requisitos: construida en el siglo XIX, antiguo hogar de una familia adinerada que ocultaba la inestabilidad mental de su hija y que dejó de ser habitada desde que una fiesta terminó en una escabechina por culpa de un ponche envenenado.

La vieja casa fue la obsesión infantil de dos hermanos que al crecer terminan por convertirse en dramaturgo y pintor, ambos exitosos y con la idea de usar la casa como cuartel general para ejecutar su arte. Juntan sus fortunas para comprar y acondicionar la casa, aunque su gusto por lo antiguo los hace prescindir de luz eléctrica en favor de las velas.

Ignorando las historias infantiles sobre aparecidos, los hermanos se instalan en la casa sin más sorpresas que una puerta de la alacena atrancada y el bello retrato de una joven adornando el salón. Pero la vida doméstica normal durará hasta que llegan los ruidos raros, las cosas romperse y una mano fantasmal posándose en la mejilla del hermano menor.

Entonces empieza el distanciamiento entre los hermanos, dejando al mayor disgustado por la actitud hostil del menor, quien poco a poco empieza a caer bajo la influencia de la casa. Luces fantasmales y barreras invisibles harán lo posible para evitar que el mayor intervenga en la corrupción de su hermano, con éxito hasta que el valor por ayudar a su consanguíneo lo lleva a conocer la verdad.

Si queremos rebuscar un poco podemos ver una pequeña mezcla entre la Casa tomada de Cortázar, dos hermanos contra las fuerzas extrañas que se adueñan de su hogar, y El retrato de Dorian Gray de Wilde; siendo que el cuadro de la joven, quien resulta ser la hija loca de los Slaughter, es el epicentro de la maldición que pesa sobre la casa, además de que las descripciones que hace el mayor sobre el rostro bello de su hermano parecen mucho a las descripciones del joven Gray que llevaron a Wilde a juicio.

Como los tiempos han cambiado nos alejamos de esta polémica para centrarnos en la ruptura del amor fraterno cuando el menor es visitado por el fantasma de la chica. El espectro sólo logra materializarse en las noches, y el placer tanto carnal como espiritual que brinda a los vivos los lleva a buscar la muerte para estar siempre junto a su amada, aunque esto signifique condenarse a pasar la eternidad atrapado en la casa junto con el resto de los que murieron ahí.

Como ya dije, una historia completamente típica del lugar encantado por un espectro psicótico que quiere la casa únicamente para él, ella en este caso, y mandando el mensaje a todos los vivos de que si entras a su hogar, te quedarás para siempre. Una buena historia de casa encantada con todos los ruidos raros, luces extrañas y apariciones perversas que se necesitan.

Una casa enloquecida

Alejémonos de nuestros amigos ectoplásmicos y veamos una historia de casa encantada muy curiosa que haría sentirse orgullosos a todos los que les gusta el movimiento new age. En Una casa enloquecida nos encontramos ante la historia de un escritor frustrado que debe conformarse con un puesto de maestro para pagar las cuentas y que cada mañana sufre pequeños accidentes domésticos.


Se corta con la navaja, los muebles parecieran moverse a propósito para hacerlo trastabillar, el papel se atora en la máquina de escribir y cualquier otra cosa que le haga pensar que su casa trama algo contra él, aumentando su ira y dejando un par de cosas por el suelo en el proceso.

La maldición de esta casa se basa en la teoría de que las personas podemos generar energía negativa con base en nuestros sentimientos, en este caso la propia frustración de no conseguir sus ambiciones literarias lo llena de ira y esa ira se transmite a la casa. La única razón por la que el infierno aún no se desata sobre él, es la energía positiva de su esposa que conserva la esperanza de que cambie.

Su frustración lleva el hilo de sus pensamientos a culpar a su mujer por sus fracasos literarios, llevándolo hasta el extremo de ponerse tan violento que ella debe correr a casa de su madre. Emocionado por recuperar su soledad, y porque todo sale bien esa mañana, se sienta a escribir, pero el bloqueo continúa y la ira reaparece de camino a su trabajo.

Todo desembocará en la energía negativa tomando total control de los objetos domésticos que, luego de darle una paliza que no le rompió cada hueso por pura suerte, completaran la venganza contra aquel que los lanzaba al piso y les gritaba cada mañana.

En un giro curioso y alejado de la fórmula fantasmal, Matheson consigue mostrarnos la evolución de una casa encantada a un mal lugar. Empieza controlada por la ira y frustración del escritor, pero tras tantos años de esta energía negativa, es muy ingenuo pensar que la habrá agotado con la venganza contra este. Así, el final del cuento no es la liberación de la casa, sólo el recuento de su primera víctima.

Terminamos esta entrada, pero aún no acabamos con la obsesión de Matheson en lo que a casas encantadas se refiere, aún nos queda su novela La casa infernal, pero este libro merece su artículo independiente. Por el momento descansemos y llamemos a nuestro médium de confianza para adentrarnos en una de las obras cumbres del norteamericano.

-El colgado de las letras.

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