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¡ARRRRRRRGH!

Antes de comenzar lanzó la advertencia que la siguiente historia se disfruta mejor con un parche en el ojo, aunque dificultará la lectura, un loro en el hombro y un barril de ron al lado. También recomendaría hacerse a la mar, pero dudo de la fiabilidad de la conexión a la red en mitad de las aguas, así que nos conformamos con el mareo del ron.

Mi triste historia comienza planeando el episodio semanal de nuestro podcast; episodio que, a no ser que suceda una desgracia, ya estará en línea para cuando lean esto. Al revisar datos sobre el tema, me viene a la mente que Los cuentos de la calle Broca de Pierre Gripari sería un buen recurso bibliográfico.

Muchos recordarán la serie de animación homónima, obviamente basada en la antología de cuentos del francés, quizá sea por la nostalgia, pero siempre la tendré como una de las más grandes series animadas que haya visto. Pero volviendo al libro, hace mucho me dijo una buena fuente que la versión en papel jamás llegó a nuestras tierras. Ya antes había probado a buscarla en tierras extranjeras, pero los impuestos de importación lo colocaban en un precio prohibitivo.

Si bien la experiencia no es igual, las posibilidades que abren los lectores electrónicos y los epubs me animaron a buscar alguna tienda en línea desde donde se pudiera adquirir un ejemplar electrónico de la obra. El problema fue que las páginas del buscador pasaron sin que el artículo apareciera.

¡Al abordaje!

Pasado el punto en el que se requeriría asistencia divina para salir airoso en la búsqueda, sin encontrar alguna oferta de libro electrónico y los libros físicos que antaño había ojeado estaban agotados sin posibilidad de renovación de inventario. El punto final fue llegar a la página de la editorial y encontrarlo descatalogado.



Visto la situación, no quedaba más que colgar la bandera negra con la calavera y navegar por las páginas web que evitan a los industriales que lucran con la propiedad intelectual comprarse el segundo yate anual. Sólo dos resultados buenos, pero ambos en la primer página del buscador y en la parte alta.

Una vez pasadas las veinte capas de publicidad que resguardan el enlace, el proceso de descarga y conversión a un formato que acepte el lector electrónico es un proceso simple que, para los interesados, se puede encontrar fácilmente en las inmensidades de la red. Listo para leer la obra de Pierre.

El objetivo de esta entrada es reflexionar qué pasa en estos casos, cuando para la industria ya no es rentable continuar produciendo un contenido en específico, bien sea por baja demanda o problemas contractuales ¿Qué tan malo es recurrir a lo que llamamos piratería en esos casos? Una queja sobre esta acción podría clasificarse como ni comen ni dejan comer.

El problema de los reportes sobre la piratería es que la industria, sea cual sea, considera cada descarga de productos no licenciados como una venta perdida, siendo que la enorme mayoría de quienes recurren a esto es porque no cuentan con los recursos para comprar el producto. En resumen, sin la piratería tampoco se llevarían esa venta.

Antes de que alguien llore; no estoy promoviendo las descargas ilegales, basta recordar que empecé mi historia con la búsqueda de un medio legal para adquirir la obra. En mi experiencia, la gente suele recurrir a los medios ilegales cuando no tiene otro medio para conseguirlo. Desde que comprar productos digitales no requiere, por fuerza, una tarjeta de crédito, no he tenido la necesidad de acudir a estos sitios.

La conclusión será propia de cada quien, no conozco los costes; pero creo que las editoriales podrían dejar sus obras descatalogadas en formato digital, ya que no les genera almacenamiento ni transporte. Hasta entonces, si no encuentras ese libro, disco o película por los canales oficiales recuerda: internet es tu amigo.

-El colgado de las letras.

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