Ir al contenido principal

CENTENAS PARA ÉL

Es inevitable que en las letras de cada nación siempre se cuente con alguien que alcance la inmortalidad, y en algunos casos; llegar al nivel de mito. Por fortuna para todos los que gozan de la lectura. En México podemos contar con más de uno. Sin embargo, siempre nos llega a la memoria alguien que logre destacar o anidar en un sitio especial del recuerdo. El turno es para uno de los grandes personajes que impactó el mundo de la cultura en este territorio.
Ajedrez, ciclismo y principalmente el teatro, se convirtieron en aquello que dio forma a la perspectiva de este personaje. Cien años atrás, en el 1918.  Zapotlán, Jalisco conoció a un tal Juan José Arreola. Ahí comienza su peregrinaje por este mundo. No debería resultar extraño que la obra de este escritor nos resulte amena, incluso tácita en variadas ocasiones. Es aquí donde su característico estilo nos nutre por la belleza de su prosa.
Como todo aquel que está destinado a la inmortalidad, la preparación de Arreola no recae totalmente sobre el escalafón escolar. No por ello debería inferirse que carece de calidad o técnica. Todo lo contrario. Es uno de los escritores más capaces para blindar su narrativa con una muy certera variedad de estilos.
Indagando más a fondo sobre su obra, se puede resaltar la capacidad de ironía que posee. Su pluma no es esa amable sonrisa del beato, sino que va recortando y desdibujando lo lineal de una sociedad. Todo esto lo logra a través del tacto de lo conciso. Esa brevedad le brinda la mejor herramienta para poder contar, en una especie de anécdota mucho más elaborada la dualidad del Ser.
Es así, que se ensancha el panorama de este aún novel prócer literario (puesto que cien años, apenas son el inicio de una vida. Tomando en cuenta su religiosidad).

A pesar de su capacidad, no incursiona en la novela [no tanto como hubiésemos gustado], porque a perspectiva propia; le gustaba la libertad dentro de los estilos. Podría considerarse toda su obra como un gran rompecabezas que nos lleva a entender su narrativa dando pequeños saltos conforme su libre albedrío literario nos lo permita. Con todo ello, logramos ser herederos de su único trabajo publicado en forma tal. La Feria (premio Villaurrutia) que fue publicada en 1963 constituye una obra de arte construida a base de pequeñas piezas.
El estilo que impregna a este libro lo vuelve totalmente peculiar. Parece que está escrita a manera de diario de la ciudad. No puede decirse que adolece de personaje principal, puesto que el pueblo mismo resalta con sus múltiples personalidades. Un juego de destreza mental donde se va conociendo el pecado, idiosincrasia, geografía, flora y fauna de este pequeño pueblo
Tal vez una de las facetas más desconocidas de Arreola sea la de actor. Como personaje de obras, consiguió viajar a París de la mano de Louis Jouvet para finalmente desistir de su aventura y empezar una nueva en la ciudad de México. Aquí, también se abre una faceta aún menos popular. Como editor, Juan José funda un par de revistas: Eos y Pan. De igual manera tiene a bien compilar textos de jóvenes escritores contrastando con los de los ya consagrados en la colección Los Presentes.  
De vuelta a su narrativa, no podemos dejar de hablar de su Confabulario. Aquí, él mismo decía que logró la capacidad de condensar sus propios textos. Se puede entender que reunió las múltiples influencias de lecturas para por fin; darle sonido a su propia voz. Encuentra el rumbo de decir todo sin tanta palabrería. Otra de las características como literato recae en ello, en su férrea pasión por la palabra. Por generar textos de un valor estético apabullante, claro es, sin restar esa sangre que necesitan.
Con su Bestiario, José Emilio Pacheco, colaborador cercano, alumno y para este libro, escribano. Logra trascender o ser parte de una tradición literaria. Peculiaridad, como el mismo Pacheco señaló: «Bestiario no se escribió, se dictó en una semana». Este pasaje como mentor de una generación hoy también reconocida le dan ese abolengo; En los cuadernos del Unicornio, donde estaba Bonifaz Nuño, Pacheco o Eduardo Lizalde.
Ya sea desde la docencia, la actuación, desde un tablero de ajedrez o la amistad. Este personaje logra distinguirse. Consiguió ser una voz respetada dentro del mundo de las letras mexicanas. Algunas veces incomprendida, otras desconocida. Juan Rulfo en alguna ocasión tuvo que defender a quien fuera su gran amigo.
« ¡Cómo que jóvenes, este hombre no nomás nos enseñó a escribir, primero nos enseñó a leer!». Exaltado comentó Juan ante un comentario en una mesa redonda sobre literatura mexicana.
Se mire por donde se mire, en Juan José Arreola se encumbra la pasión por los libros, que se forma [palabras suyas] después de haber trabajado como encuadernador. Para dar paso al amor por los textos, que logra con el oficio. Una entrega siempre a la literatura que engendró varios mundos para disfrute nuestro. A consideración personal, un cuentista fantástico para el relato breve o microrelato. Ejemplo de ello:
Cuento de Horror.
La mujer que amé se ha convertido en fantasma. Yo soy el lugar de sus apariciones.
Sus letras nos desvelan un infinito. No nos sentencian al punto final, sino que ofrecen aristas por cada frase que logremos descifrar. Es así que no sólo conmemoramos una vida, sino un mundo creado a partir del genio literario que reposó hasta el nuevo siglo en la persona de Arreola. Tan polifacético; que hasta en la televisión incursionó.

-Montolivo  Llosa.

Comentarios

VISITA LO MÁS LEÍDO

¡SIMPLEMENTE LAS INVENTO! #32

Aún nos queda combustible en nuestro regreso, de nuevo la pluma de Noemí Tejada Flores nos trae un relato perturbador para hacer las delicias en este inicio de semana.

DISFRUTANDO EL DESEO
El hombre escuchaba el noticiero nocturno; quiso poner más atención a lo que  el reportero decía: “Una persona había sido encontrada de bajo de un puente”, lo impactante de la noticia era  que el estado del cuerpo se encontraba con heridas extrañas,  parte de la cara parecía se le habían comido a mordidas, el antebrazo tenia las mismas señales, el glúteo derecho había sido fileteado como si fuera un pedazo de carne de res. La cámara quería acercarse al cuerpo pero sólo se veía una manta blanca que cubría un bulto. Este hallazgo podría tener bastante audiencia y durar por unas semanas en las televisoras.  Los periódicos se llenarían de imágenes horrendas, morbosidad que satisfará a los habitantes de la ciudad. La descripción del sujeto, un hombre de treinta y tantos años, delgado, con facciones finas, …

¡SIMPLEMENTE LAS INVENTO! #30

Damos paso a la edición treinta de esta sección donde compartimos el quehacer literario, y lo hacemos con el debut de nuestra nueva colaboradora Noemí Tejada Flores, haciendo su presentación con un pequeño poema.

45 SEGUNDOS
Por segunda vez he querido tocar el cielo.
Para saber si de verdad existe el algodón.
Por segunda vez se me rompe el corazón, y me encuentro entre cuatro paredes completamente sola.
No hay un tren que pueda ser mi aliado. No hay ni una pastilla para dormir. No hay nada que me atraiga para dejar de sentir.
Por segunda vez siento un vacío en el estómago, y sólo quiero llorar, llorar, llorar.
He sabido que el dolor no se cura; está ahí para siempre. La soledad me acompaña y también me hace caer cuando necesito ser más fuerte.
Por segunda vez quiero tocar el cielo; y descubrir que existe; que tomará mi mano, y nunca jamás me soltará.
Estoy triste. Nadie se dará cuenta porque solo tengo un teléfono donde escribiré que todo está bien, y pondré una carita emotiva. Donde nadie se…

¡SIMPLEMENTE LAS INVENTO! #33

De nuevo aparece Noemí Tejada Flores que nos comparte un cuento para disfrutarlo en este fin de semana largo.


EL MISTERIO DE LA PUNTA DE LA MONTAÑA
Antes de las seis de la madrugada salía a correr, el aire fresco lo respiraba profundamente,  le gustaba ver el cielo todavía oscuro y la estridulación de los grillos cuando pasaba por los jardines de la colonia, el silencio lo relajaba, disfrutar de los caminos solitarios le daba tranquilidad y continuaba así hasta llegar a la orilla. Tomaba una pendiente para regresar por el mismo lugar, tenía más altura el recorrido pero ir solo no era nada recomendable así que apenas llegaba al principio de las faldas de la montaña. Empezó a caminar por las mismas calles de regreso casa, se sentía diferente, el aire era más pesado, como si lo compartiera con alguien más. Se sentía cansado, miró su reloj para medir el kilometraje de su carrera. Se quedó pasmado, no podía creer que tan sólo fueran ochocientos metros. Se preocupó, tal vez algo le estaba pas…