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DULCE SUDOR

Clapton, al menos así era conocido por su manada de humanos, es un perro educado y obediente. Su padre humano, quien lo había acogido en su hogar una noche muy fría a la que le nombran Navidad, se hacía llamar Erick.

Nuestro amigo es un perro común, de esos que te encuentras caminando por las calles, pero el ser al que nos referimos en este momento no pareciera pertenecer a ese mundo, a pesar de su falta de finura. Erick lo tenía bien alimentado, siempre limpio y con su pelaje brillante. Su color muy parecido al dorado, casi deslumbrante, sus patas largas y fornidas, su cuerpo ancho e imponente, su cabeza fina y larga, y su cola siempre moviéndose.

Por otra parte su padre humano no tenía mucha diferencia con su amigo peludo, como suele ocurrir. Erick es un hombre grande, rubio y de prominente musculatura, con un corazón tan grande como los enormes bíceps que dejaba al descubierto en sus sesiones de gimnasio, durante las que era acompañado por Clapton.
Clapton tenía una gran habilidad para saber cuándo estaba a punto de terminar Erick sus ejercicios, pues identificaba el olor que emanaba de su cuerpo y la inmensa cantidad de sudor que chorreaba tras los inhumanos esfuerzos que ejercía.

Erick es un hombre modelo, algo que no le permitió conseguir una pareja como él, pues bien especificado está en la naturaleza que los polos opuestos se atraen, lo que nos deja en primer plano a Linda, la hermosa, pero nada amigable esposa de Erick, una mujer con un carácter que al mismo Lucifer asustaría, una fémina que no hacía para nada honor a su nombre, y cabe aclarar que su amor a los animales es nulo.


Debido a su esposa, Erick tenía que dejar a Clapton en su propio cuarto, un lugar en el que podía hacer todo lo que un perro hace, un sitio independiente de casa y del cual se encargaba Erick completamente, lo que le permitía a Linda permanecer cómoda en su hogar.

Todo transcurría con tranquilidad como todos los días, Clapton estaba ansioso por ir al gimnasio, pues sabía que después de la llegada de Erick con las compras sería hora de ejercitarse, y más aún con el frío que hacía, pues por lo que sabía, era nuevamente el día mágico en que vió por primera vez a su padre.

El tiempo pasaba, las horas se marcaban sin la entrada de Erick por el gran portón; todo era calma hasta que se ven unos grandes resplandores y se escucha que llaman a la puerta. Eran hombres vestidos con uniforme azul y metales brillantes en su pecho, Clapton sólo vio salir junto con ellos a Linda, quien desprendía una inexplicable tristeza.

Los días pasaban, cada minuto era una agonía para Clapton, tenía la sensación de que debía buscar a su padre, tal vez se encontraba en la misma situación en la que él estaba cuando se conocieron. Sería difícil explicar cómo, pero Clapton se encontraba en la calle en cuanto reaccionó de aquel trance en el que entró por querer pagarle a ese humano que lo salvó de morir, de la misma forma.

El incomprensible andar de Clapton pronto lo hizo caer en la desesperación y la ansiedad de no saber en dónde se encontraba, qué debía hacer, a dónde tenía que dirigirse. Sólo le bastaron unos días más para verse perdido, no le quedaba otra opción que buscar algo de alimento y un refugio por si la famosa Navidad llegaba, pues con su desesperada búsqueda había olvidado que comer y dormir eran necesarios para seguir vivo.

Un día paseando por la calle Clapton percibió un aroma, era idéntico al que desprendía Erick al hacer ejercicio, esto lo hizo correr presuroso en su dirección sin darse cuenta que el terreno se hacía cada vez más resbaladizo, lo que causó una inevitable caída, tan alta que al aterrizar sólo pudo aullar un momento antes de quedar inconsciente por el dolor que le causó la fragmentación de su cadera.

Al despertar, el dolor sólo se percibía cuando trataba de moverse, se encontraba en un lugar pedregoso cubierto de moho. Como pudo se refugió en la cavidad de una pared cercana, ahora completamente resignado a no volver a ver a Erick.

La Navidad se acercaba y Clapton se encontraba sin fuerzas ni esperanza y con una cadera deforme, que aunque se recuperaba lentamente su movimiento no sería el mismo de antes. Repentinamente vio una figura humana acercarse, curiosamente tenía el mismo olor al de Erick después de hacer ejercicio, pero cuando estuvo suficientemente cerca pudo apreciar que no era él. A pesar de la decepción vio que esta persona le llevaba comida y agua, algo que no podía rechazar.

Clapton siguió recibiendo las visitas de este hombre diariamente, siempre con el mismo olor y claramente empapado. Su amistad fue rápidamente mejorando hasta que su nuevo amigo humano llegó con un médico, que después de una rápida pero profunda revisión determinó el tratamiento que debería llevar y aclaró que podría ser trasladado sin dolor alguno el mismo día de Navidad.

El día llegó y su sudoroso amigo estaba ahí antes de lo esperado, por fin Clapton se encontraba seguro de que los días buenos regresarían, no sería lo mismo sin Erick ni mucho menos sin una cadera sana, pero la vida volvería a tener un significado. Lo único que rondaba su cabeza ahora era una pregunta: ¿qué es eso de la Navidad que trae desgracia y esperanza por igual?

-El caballero

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