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¡SIMPLEMENTE LAS INVENTO! #38

Tras un breve parón regresa la literatura a estas páginas; de la mano de Jorge Gutiérrez Prado que nos comparte una historia de charros.


Juan Charrasqueado

Hijo mío, ¿sabe por qué doblan las campanas con más enjundia los diecinueve de mayo en el pueblo de San Cristóbal? Es porque con aprecio recordamos a un bohemio y trovador; un gallardo y bandolero, un gandul hijo del pueblo, ¡ah que mi amigo, Juan: el bohemio del amor! Cantor por excelencia y amante por pasión, Juan Charrasqueado tuvo lo que quiso por voluntad y por ladrón. Le robaba a los señores dueños de hartas mulas una que otra monedita de oro, y se las gastaba en panes y cajeta para los niños más hambrientos de la población.  La gente agradecía y bendecía su nueva empresa, que sin con suerte corría, vuelto en plata volvía y la repartía entre quienes se le pusieran de frente. En caballo llegaba y en caballo se iba que montado en un sueño, Juan Charrasqueado vivía. De mujeres conocía y ellas lo entendían, que el borracho y parrandero era bueno pa´envolverlas, que de mentiras dulces conocía. ¡A qué bizarro el Charrasqueado!, con una canción y una flor se presentó a su última empresa, y así enamoró a la mujer que siempre amó: la esposa del alguacil Fierro, de aquel  vecino pueblo. Ese día regresó, no con oro, ni con plata, llegó ensalzado, con el pecho inflamado y con un nuevo amor. 

Los niños en las calles  quedaron asombrados al ver al Charrasqueado, sin botín a la vista, iba montado en su caballo, saludando a las comadres de entre el polvo que encumbraba, y las muchachas lo miraban y de envidias conocían, que ahora sí se miraba bien comprometido. “Todo fue legal”, se escuchaba por los alrededores, “el Charrasqueado le ganó la mujer al alguacil, con clara jerga”.

Se casaron por la iglesia, como debe ser, y a la fiesta todo el mundo fue. Hubo carnero, tortillas y chocolate; y para los patrones mayores: pulque y balché. En una semana de fiesta se envolvieron los del pueblo, acabando en domingo celebrando en la cantina, pero de pronto las puertas de un golpe se partieron; eran unos niños advirtiendo al Charrasqueado  que venía el alguacil por su cuerpo inanimado. Juan salió de la cantina como cabra deslechada y se  montó en su caballo, mas no hubo tiempo de desfundar su gloria, que pistola en mano afuera ya lo esperaba el alguacil Fierro y sus compinches y antes de jalarle el gatillo a las pistolas, los presentes escucharon: “¡Estoy borracho y soy buen gallo, soy Juan Charrasqueado, su humilde servidor!” Bala tras bala recibió su cuerpo dejándolo sufriendo hasta la última, que fue la que atravesó su corazón. Rabia y no otra cosa fue lo que sintieron, entonces, los presentes camaradas del gallardo desenfundaron las pistolas y dispararon en contra del vengador y sus gendarmes. Allí murió el alguacil y aquel ranchero enamorado un diecinueve de mayo, y fue en esa misma silla donde está usted sentado, que vimos al Charrasqueado por última vez, sintiéndose inmortal. 

Y en el pueblo la milpa crece con el agua, y las palomas toman vuelo al pedregal, esperado la fecha que recuerde, al amigo Juan Charrasqueado, leyenda del lugar.

-Jorge Gutiérrez Prado

*Basado en la composición del poeta Víctor Cordero.

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DISFRUTANDO EL DESEO
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¡SIMPLEMENTE LAS INVENTO! #30

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45 SEGUNDOS
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¡SIMPLEMENTE LAS INVENTO! #33

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EL MISTERIO DE LA PUNTA DE LA MONTAÑA
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